Juan Gutiérrez en su taller artesanal de forja, en el barrio El Vado de Cuenca. Fotos: Xavier Caivinagua para Viajar

Juan Gutiérrez en su taller artesanal de forja, en el barrio El Vado de Cuenca. Foto: Xavier Caivinagua para Viajar

Las artesanías son otra forma de conocer Cuenca

Lineida Castillo. Redactora
(F-Contenido Intercultural)

Cuenca es hermosa no solo por el trazado urbanístico y su gente hospitalaria, sino también por la riqueza artesanal que dinamiza el turismo. Esta urbe está hecha de barro, de hierro forjado, de madera tallada, de bordados, de paja toquilla, de orfebrería y tejidos. Todo con finos acabados, que es el testimonio de tradiciones que todavía perduran en la urbe azuaya.

Por estas potencialidades, desde diciembre de 1999 la capital azuaya ostenta el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad, otorgado por la Unesco.

Para conocer a fondo a algunos de los tesoros de esta ciudad, que este 3 de noviembre cumplirá 197 años de Independencia, VIAJAR ha hecho una visita a los talleres de cuatro personajes que dan vida a las manufacturas azuayas. Ellos son parte de una vitrina artesanal que estará presente en las más de 20 ferias que organizan las instituciones públicas y privadas por las fiestas de la urbe.

A pesar de que en estas fechas se vuelven más visibles los trabajos de estos creativos, lo cierto es que a lo largo del año hay una ruta artesanal definida por la Fundación Municipal de Turismo, que incluye la visita a galerías del Centro Histórico, a ferias permanentes -como La Rotary-, al Centro Artesanal Casa de la Mujer, a la Plaza Santa Ana. Junto a estos se encuentran cinco barrios que concentran a los artesanos por oficios.

No hay una cifra oficial, pero de acuerdo con los cálculos del Municipio en Cuenca, existen no menos de 10 000 artesanos en la ciudad. Desde sus diferentes actividades, ellos abastecen –con sus finas obras- a los mercados locales, nacionales e internacionales. Por ello, las rutas planteadas por la Municipalidad son otra apuesta para atraer el turismo.

En estos recorridos no solo se llega a conocer el producto final de estos artesanos, sino que también se pueden conocer los talleres en los cuales se construyen joyas, sombreros, cruces de metal, entre objetos propios de la zona. Los precios de estos varían desde unos cuantos dólares, hasta sobrepasar los USD 100. Todo dependerá de del material y del talento. 

Por las joyerías del Centro cuencano

Destacan las creaciones en filigrana con diseños andinos. Foto: Xavier Caivinagua para Viajar

Destacan las creaciones en filigrana con diseños andinos. Foto: Xavier Caivinagua para Viajar

En el Centro Histórico, los colores y texturas guían y atraen a los turistas hacia las galerías, talleres, ferias, museos y templos. Estos espacios guardan un festín cultural y, al recorrerlos, se disfruta del trabajo manual de hombres y mujeres, herederos de un legado ancestral inca-cañari.

Se puede visitar, por ejemplo, el taller-galería de Andrea Tello, ubicado en la Esquina de Las Artes, donde existen otros 30 artesanos en diferentes oficios. Sus creaciones son en filigrana y ha investigado sobre los símbolos de las vestimentas andinas para crear sus colecciones en oro y plata. Otra alternativa es la platería Mama Quilla. Esta tiene un taller donde el turista conoce sobre la elaboración de una joya bajo la técnica de la filigrana.

El tejido de Paja Toquilla

El tejido en paja toquilla fue considerado como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Foto: Xavier Caivinagua para Viajar

El tejido en paja toquilla es considerado como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Foto: Xavier Caivinagua para Viajar

Cuenca se ha destacado por la manufactura de los emblemáticos sombreros de paja toquilla. La técnica del tejido fue reconocida por la Unesco, como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad.

Por toda la urbe, pero principalmente en las parroquias rurales de San Joaquín y Sayausí, Checa y Chiquintad, están las talentosas tejedoras, portadoras del conocimiento ancestral. Para conocer sobre este proceso, no se puede pasar por alto un recorrido por La Casa del Sombrero, ubicada en la Calle Larga, donde funcionó la primera fábrica de este producto. En ella, el visitante conoce sobre la historia del tejido con fotografías antiguas, una amplia sala de exhibición y otra de ventas.

El sitio de los herreros

El barrio de Las Herrerías es uno de los más tradicionales de la capital azuaya. Foto: Xavier Caivinagua para Viajar

El barrio de Las Herrerías es uno de los más tradicionales de la capital azuaya. Foto: Xavier Caivinagua para Viajar

El barrio de Las Herrerías, ubicado en el sureste de la ciudad, es uno de los más tradicionales de Cuenca. Allí empieza y termina la concurrida avenida Huayna Cápac y también se asientan los talleres de los herreros, artesanos capaces de fundir el hierro y crear adornos utilitarios. Antiguamente, a este sector llegaban los campesinos con sus caballos cargados de productos y era el límite de la zona rural.

Las Herrerías nunca dejó de ser atractivo y, por eso, a diario llegan clientes a comprar los llamativos candelabros, cruces, lámparas, faroles, esculturas, en los más de 10 talleres. Humberto Guerra tiene 36 años y 22 en este oficio. Su taller está lleno de hierros, que han sido transformados en adornos para los jardines o salas.

El barrio de los alfareros

El barrio Convención del 45 ofrece un paseo artesanal inolvidable. Foto:  Xavier Caivinagua para Viajar

El barrio Convención del 45 ofrece un paseo artesanal inolvidable. Foto: Xavier Caivinagua para Viajar

El barrio Convención del 45 seduce a los visitantes con un paseo artesanal de gran nivel. Entre las angostas calles están los talleres de Eduardo Segovia, 79 años, y José Encalada, 84, alfareros talentosos que, con sus obras originales, han brillado dentro y fuera del país.

Heredaron el oficio de sus padres y aprendieron a moldear el barro en la niñez, cuando este barrio era conocido como de ‘Los Olleros’, porque concentraba a más de un centenar de familias de ceramistas. Por sus abuelos, conocen que la zona era una mina de arcilla y que se producía gran cantidad de ollas para los mercados del país. Ellos traspasaron el umbral de lo simple y se especializaron en crear objetos utilitarios y esculturas.