1 de junio de 2016 12:57

El Zoo de Quito tiene varias medidas para evitar el contacto con los animales

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Valeria Heredia
Redactora (I)

Barandas altas, vidrios, cercas eléctricas son algunas de las medidas de seguridad que hay en el Zoo de Quito. Se colocaron con el objetivo de brindar seguridad a los visitantes a esta infraestructura de la capital. Se suman la distancia de un metro o más entre los recintos de los animales silvestres y las plantas que hay en cada espacio.

Este Diario hizo un recorrido por esta área ubicada en Guayllabamba para observar las medidas de seguridad, la mañana de este martes 31 de mayo del 2016. En todos los recintos de los animales se observan unas barandas altas para evitar que los animales se salgan de sus espacios. La misma también se usa para la seguridad de los visitantes. Así lo explicó Max Araujo, quien es asistente de proyectos en el Zoo.

Otra de las medidas de seguridad que hay en este recinto de animales son los vidrios. Esto tiene dos objetivos: tener protección para el animal y las personas y para que se aprecie mejor el espacio de los animales como las tortugas pequeñas o el caimán.

Según Araujo, se trata de que los visitantes disfruten el recorrido por cada uno de los recintos de los cerca de 200 animales que están en el zoo. “Todos los recintos cumplen normas internacionales, en especial, con los animales que son más riesgosos”.

El asistente explicó que las personas deben tomar conciencia de su seguridad y de los animales. “Años atrás tuvimos que levantar el cerco de los animales inofensivos porque las personas se metían para acariciarlos”, sostuvo.

La vigilancia en los recintos es constante, porque se han encontrado personas dentro de estos espacios e, incluso, alimentan a las ejemplares. Hay vigilantes que custodian cada recinto. “Los trabajadores del zoológico buscan informar a la ciudadanía sobre la importancia del cuidado de los animales, que están en cautiverio porque han sido rescatados de diferentes provincias del país”, puntualizó.

En los recintos de los animales que son de más riesgo como los leones, pumas, osos o tigrillos, la seguridad es mayor. En las paredes de los recintos se colocaron cercas eléctricas. Si alguien intenta meterse en el interior de la cerca les resulta imposible porque hay una separación importante e incluso las plantas impiden acercarse.

Para Araujo, casos como el que ocurrió en el zoológico de Cincinnati, en Estados Unidos, o en Chile dependen de la educación de los visitantes. “Hemos tenido casos de personas que botan gorras o celulares en los recintos de los animales. No debe ocurrir”, explicó. En esos hechos, los cuidadores meten a los animales para recoger los objetos extraños y entregarlos a sus dueños.

Hay animales nocturnos como los búhos, que están en un recinto abierto pero pueden estar al contacto con los visitantes. “Ellos están acostumbrados a la presencia de las personas, por lo que pasan tranquilos”, dijo.

La recomendación a la ciudadanía es que no se acerque a los recintos de los animales de más riesgo. Además, no se debe hacer ruido porque los animales se asustan.

Hasta ahora el único accidente de consideración en estas instalaciones ocurrió el pasado 23 de febrero, cuando un jaguar atacó a un zoocuidador en el área de manejo. El empleado sufrió cortes en diversas partes del cuerpo: brazos, pecho y espalda. Pero el más delicado fue en el cuello. Tras recibir atención médica y estar ingresado en una clínica particular por varios días fue dado de alta.

El día del incidente Juan Manuel Carrión, director del Zoo, dijo que hubo un exceso de confianza en la aplicación de los procedimientos.

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