11 de marzo de 2016 14:52

La zoofilia, un trastorno con diversos rostros en la sociedad

El hecho lo informó el PAE en un comunicado a través de su página de Facebook. Foto: Facebook / PAE (Protección Animal Ecuador)

El martes 8 de marzo de 2016 PAE informó en un comunicado a través de su página de Facebook un caso de zoofilia en Quito.  Foto: Facebook / PAE (Protección Animal Ecuador)

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Santiago Sarango
Redactor (I)

El pasado 7 de marzo de 2016, Protección Animal Ecuador (PAE) recibió en su clínica una perra mestiza, a la que bautizaron como Dulce.

El animal fue víctima de abuso sexual y finalmente murió, según detalla un comunicado oficial de la organización en su cuenta de Facebook.

Según PAE, el o los involucrados en el hecho incurrieron en un caso de maltrato animal y zoofilia (mantener relaciones sexuales con animales).

Esta última no figura como un delito en el Ecuador y más bien se cataloga como una contravención, según el capítulo 4 del Código Integral Penal (COIP), que hace alusión a los delitos contra el ambiente y la naturaleza.

Lorena Bellolio, directora de Protección Animal Ecuador, sostiene que el caso de la perra evidencia un vacío legal. La máxima sanción contemplada en el COIP por maltratar y causar la muerte de un animal es considerada una contravención que se castiga con cárcel de tres a siete días (artículo 249).

Ese vacío legal hace que el tema de la zoofilia involucre otros criterios para ser entendida, definida y, posteriormente, normada.

¿Cómo surgen tales prácticas sexuales?

Para Pablo Jiménez, médico psiquiatra y docente de la Universidad Católica del Ecuador, la razón se encuentra en lo que denomina una “sociedad sexualizada”. Un ejemplo de ello son las parafilias, que es el nivel macro que engloba a la zoofilia y otros trastornos sexuales.

Las parafilias, a decir de Jiménez, son la búsqueda de objetos (fetiches) para la satisfacción del placer sexual. Un fetiche pueden ser los animales. "Mantener relaciones sexuales con una perra habla de la existencia de un trastorno sexual producido por la distorsión en el objeto sexual", agrega.

¿Cómo se produce las parafilias en las personas?

Para María de los Ángeles Núñez, sexóloga clínica y educadora en sexualidad, existe un desarrollo psicosexual incompleto en la persona que realiza actividades como la zoofilia.

A decir de Jiménez, el ser humano, en su proceso de experimentación sexual, puede pasar por varias etapas. La masturbación es una de ellas; sin embargo, cuando la masturbación se convierte en el único medio que la persona utiliza para sentir placer sexual ello se convierte en un trastorno. Caso similar ocurre con la zoofilia.

Jiménez y Núñez refieren que la práctica de la zoofilia ha existido en las sociedades a través de la historia, con mayor incidencia en zonas rurales. “En mi experiencia con chicos callejizados, es decir, en situación de calle, como parte de su experimentación sexual, tenían prácticas con perras en Quito”, señala Jiménez, quien, sin embargo, precisa que antes de establecer una patología zoofílica en una persona se debe realizar un diagnóstico psiquiátrico.

Por ello, el especialista sostiene que no se puede concluir si el agresor o los agresores de Dulce, hallada en el sector La Ecuatoriana (sur de Quito), son zoofílicos.

Núñez sostiene que sí existen parafilias que son ofensivas y vulneran derechos, aunque no se pueda precisar que la persona que realice un acto de zoofilia puede ser considerada delincuente.

Según el comunicado de PAE sobre el caso de Dulce, existe un riesgo de que la persona que realice prácticas de zoofilia continúe con otras actividades que violenten la seguridad y la integridad sexual de un ser humano.

“Se trata de que hay un sicópata, violador y asesino suelto que muy probablemente puede extender, si es que no lo ha hecho ya, su círculo de violencia hacia otros seres indefensos como niños o niñas”, manifestó la organización en su cuenta de Facebook el martes 8 de marzo.

Para Jiménez, que la práctica de zoofilia se desarrolle con cierto grado de normalidad en distintas zonas a nivel mundial impide determinar con precisión la verdadera amenaza que representa a un posible zoofilico. Más aún cuando actos como la pornografía ubican a esas escenas como espectáculos, dice.

Ambos profesionales concuerdan en que lo ocurrido con Dulce evidencia la necesidad de revisar y mejorar los criterios de educación sexual que las personas tienen a su disposición.

Para ellos, es innegable que la zoofilia da cuenta de un abuso. Jiménez sostiene que inclusive tales actividades parafílicas pueden conducir a corromper derechos, leyes, normativas, etc. Pero si no se sitúan en el debate criterios reales de educación sexual en  adolescentes y adultos, estos casos se repetirán.

En esa medida, es vital evaluar cómo avanza el desarrollo psicosexual en las personas. En palabras de Núñez, cuando no se cumple cada etapa de la vida sexual de una persona o cuando no se crea un estado de madurez para vincularse a nivel sexual y afectivo con una persona, casos como la zoofilia estarán presentes como una posibilidad real.

En ese sentido, Jiménez insiste en la necesidad de fortalecer la construcción de la sexualidad con el respeto, el afecto, la libertad y, más que nada, con el entendimiento de los derechos existentes.

Para él, la sociedad ya no debe seguir enfocada en privilegiar la sexualidad solo desde la genitalidad, el placer como fin último y al coste que sea. Continuar con tal discurso, dice, lo único que provocará es que escenas de abuso y vulneración de derechos sigan existiendo.

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