13 de abril de 2016 00:11

El yumbo y el danzante, ritmos en recuperación

Achic Sisa, director del grupo Uyaurik Huayra, interpreta  El yumbo, en la comuna Chibuleo, en Tungurahua. Foto: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.

Achic Sisa, director del grupo Uyaurik Huayra, interpreta El yumbo, en la comuna Chibuleo, en Tungurahua. Foto: Glenda Giacometti/ EL COMERCIO.

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Modesto Moreta
Coordinador 
(F-Contenido Intercultural)

El sonido de la flauta, el pingullo, la ocarina y el bombo volvieron a sonar con melodías autóctonas como el yumbo, el danzante, el sanjuanito… El grupo Uyaurik Huayra (sonidos del viento en español) fusiona la música ancestral con ritmos modernos.

Hace tres años, seis jóvenes de los pueblos indígenas Tomabela y Chibuleo se unieron para recuperar la música que interpretaban los taitas en las fiestas ancestrales y en los rituales de sanación. Ellos consultaron a los ancianos sobre estos ritmos que, de a poco, desaparecieron en las dos comunidades indígenas.

Cantan en kichwa y español sus propias composiciones como Amo la cultura pura, Kushi tushuy y Chica sin corazón, con ritmos tinku, inti raymi y sanjuanito. El objetivo es difundir la música originaria para que los niños y jóvenes se motiven en estas comunas del cantón Ambato.

“Buscamos que las nuevas generaciones adopten esas melodías y las hagan propias como un símbolo de su identidad y cultura”, explica Achic Sisa, director del grupo.

Es más, durante la primera parte de la investigación, los taitas les enseñaron las técnicas para entonar estas melodías que hace más de 65 años las aprendieron en forma empírica y al oído. Estas eran transmitidas de padres a hijos.

Sisa afirma que el yumbo es un sonido prehispánico que lo interpretaban los músicos antiguos para curar el mal de aire, sacar las malas energías y las enfermedades para que no regresen jamás.

Los instrumentos que se caracterizaban eran el bombo, el pingullo, el pífano y la ocarina. Estas dos últimas no hacían una línea melódica, pero acompañaban al ritmo. El danzante era una melodía dirigida al Taita Inti (Padre Sol).

Cuando se presentan, lo primero que hacen es entonar estas melodías que están dentro de su repertorio. “Hay buena acogida de la gente tanto de las comunidades indígenas como en la ciudad, en un inicio pensé que nos iban a criticar, pero de a poco estos ritmos gustan”.

En Chibuleo San Francisco localizado a 20 minutos al sur de Ambato, en la vía Ambato-Guaranda se escuchan estas melodías.

Un grupo de niños y jóvenes llegan atraídos por el ritmo de el yumbo que es alegre. Ernesto Baltazar es parte de esta agrupación.“Es como que nuestra cultura volviera a renacer con estos ritmos que existían. Nuestra meta con la investigación es recuperarlos con la idea de que la gente conozca y aprenda estos ritmos”, manifiesta Baltazar.

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