3 de mayo de 2016 16:37

Las voces de la Amazonía suenan en un documental

La producción del documental ‘Voces de la Amazonía’ significó un trabajo de tres años a partir de agosto del 2012. Foto: Cortesía 'Voces de la Amazonía'

La producción del documental ‘Voces de la Amazonía’ significó un trabajo de tres años a partir de agosto del 2012. Foto: Cortesía 'Voces de la Amazonía'

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Fernando Criollo  
Redactor
fcriollo@elcomercio.com
(F - Contenido intercultural)

A través del documental ‘Voces de la Amazonía’ se muestra los impactos sociales y ambientales ocasionados por la actividad petrolera en el Oriente ecuatoriano. El filme se presenta hoy en Flacso Cine, donde se propone un espacio de diálogo luego de la proyección.

Aunque ejercen distintas profesiones, la antropóloga Lucile Alemany, la directora artística Margerie David y la socióloga Lamia Chraibi tenían una inquietud en común: las consecuencias de la intervención de las empresas petroleras en la región del Amazonas y las acciones de los pueblos originarios en defensa de sus territorios y su cultura.

La idea de hacer un documental surge de la necesidad de mostrar la situación en esta zona, pues, para David, lo que sucede en el Amazonas es un desafío global.

Para lograrlo, el documental se sirve del testimonio de dirigentes y miembros de las comunidades indígenas, activistas sociales y ambientales, profesionales y expertos en el tema.

David asegura que uno de los objetivos que persigue el filme es darle voz a los protagonistas de la historia. También se buscó, sin éxito, recoger la versión de los representantes de las petroleras.

Para la realizadora, radicada en Quito, el filme deja abierto el debate sobre la conservación ambiental, el derecho de los pueblos sobre el territorio y la idea del progreso a partir de la dependencia de los hidrocarburos y la extracción del petróleo como base de la economía nacional.

El equipo de producción decidió enfocar su línea de acción en la región amazónica del Ecuador y el proyecto se inició en agosto del 2012 financiado con sus propios recursos.

En la primera etapa emprendieron un recorrido por los territorios de los pueblos Cofán y Secoya, inmiscuidos en el conflicto con Chevron Texaco, condenada en el 2011 a pagar USD 9,5 mil millones por los daños ocasionados en los últimos 50 años.

En este recorrido se recogen las vivencias de los pueblos y los efectos de la contaminación del terreno y las fuentes de agua sobre su salud y modos de vida.

Mediante un proceso de acercamiento y convivencia, también registraron parte de la cultura, la cotidianidad y necesidades y demandas del pueblo kichwa de Sarayacu, que para David se ha convertido en un emblema de resistencia.

David explica que para esta comunidad ha sido un logro muy importante el juicio que se ganó ante la Corte Interamericana de los Derechos Humanos para impedir la instalación de compañías petroleras.

La cinta también expone la situación del Parque Nacional Yasuní, donde aún habitan pueblos no contactados y el fracaso de la iniciativa gubernamental Yasuní ITT.

También se muestran las formas de resistencia de algunos pueblos que han visto en la educación y la preservación de su cultura una de las mejores formas de enfrentarse al problema.

Cuando Alemany y Chraibi regresaron a sus países de residencia, David siguió registrando el desarrollo de estos procesos hasta el 2015 tanto en la Amazonía como en las ciudades donde se realizaban los procesos legales y acciones de protesta de grupos organizados.

Sin fuentes de financiamiento, iniciaron una campaña de micro mecenazgo en la plataforma kisskissbankbank.com, a través de la cual reunieron cerca de USD 9 000 que fueron invertidos en la posproducción.

Con un recorrido por siete festivales y muestras de cine en Canadá, Suiza, Francia, España y Eslovaquia las productoras siguen en busca de espacios de difusión.

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