21 de April de 2014 00:01

Las visitas a bibliotecas virtuales en Ecuador crecieron un 900% en dos años

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Para algunos universitarios es una novedad. Para otros, un recurso que aprendieron a usar en el extranjero. En el país, desde hace 10 años, poco a poco se empezaron a formar las bibliotecas virtuales. Cada vez se aprovecha más la opción de hallar 88 000 libros en un clic. Se trata de las bases de datos, como Springer e-books.

Ese repositorio agrupa varias disciplinas del saber. Pero hay otros que contienen temas específicos. Un ejemplo es la base de datos con el libro de Medicina Interna Harrison, cuya edición se actualiza cada mes.

¿Dónde está el servicio? En los campus de las 54 universidades del país. En Quito hay un punto de Información Científica, en el Centro Cultural Metropolitano (García Moreno y Espejo). Es de la Secretaría Nacional de Educación Superior (Senescyt). Hay más de 500 000 documentos científicos. Varios de esos libros en línea recién se imprimirán en el 2015.

El miércoles anterior Vanessa Quispe, encargada del sitio, explicaba cómo crear una cuenta para descargar algunas páginas de los libros. Karla Agual, junto a tres compañeras del Instituto Libertad, la escuchaban. Estudian Enfermería.

Ese día acudieron a la biblioteca municipal a realizar una consulta tradicional. Y les sugirieron aprovechar las bases de datos. Fue su primera vez. Al copiar un párrafo en Word se pega también la fuente. En estas bibliotecas se lee material relacionado con las ingenierías, medicina, sociología...

Víctor Hugo Guerrero, de 38 años, es maestro de manejo de materiales en Ingeniería Mecánica, de la Politécnica Nacional. Mientras revisa su iPad cuenta que incluso entre los alumnos de posgrado no se difunde el uso de estas bases.

Buscan fuentes genéricas de información, como Wikipedia.

Para Guerrero, las bases de datos son fuentes de información científica sin sustitutos. Están actualizadas.

Para este PhD, el crecimiento de la oferta de bases de datos se asocia al interés estatal de incrementar la producción científica. Sin información actualizada, puntualiza, no se puede innovar. De lo contrario se podría crear algo ya existente.

René Ramírez, titular de Senescyt, no lo desmiente. Dice que buscan democratizar el acceso al conocimiento, actualizar la literatura en cada disciplina. "Nuestras bibliotecas tienen un retraso de 40 años".

Los universitarios tienen acceso remoto a las bases. Pueden usarlas fuera del campus, con las claves que reciben en los planteles. Pero suele existir problemas de conexión, por la velocidad de la Red.

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En la biblioteca de la Universidad Católica se atiende de 08:00 a 21:00 y se ofrece ayuda a los estudiantes interesados en aprovechar bases de datos. Julio Estrella / EL COMERCIO

Sin embargo, aún se usan más los libros físicos o Google. En el 2013, en la U. Católica hubo alrededor de 1 millón de visitas a las bases. Se espera que la cifra alcance los 2 o 3 millones de usuarios, según Rodrigo Estrella, director de la Biblioteca General. Él cuenta que se capacita a los maestros y se difunden las ventajas entre estudiantes.

En las 54 universidades, el interés por estas bases ha crecido. Entre el 2011 y el 2013, el número de visitas aumentó en 900%. De 2,5 millones de visitas a 25 millones.

Por eso, directores de bibliotecas como Francisco Alomía, de la Politécnica Nacional, resaltan el esfuerzo estatal por incentivar su aprovechamiento.

Él admite que las universidades se han visto obligadas a cumplir con estándares de acceso a bibliotecas físicas y virtuales, dictados por el Consejo de Evaluación y Acreditación.

Sin embargo, sostiene que el esfuerzo por mejorar el servicio surgió de los mismos centros. En los ochenta dirigió la primera Red de Bibliotecas Universitarias. En 1989, el viejo Conuep les dio una partida ­para capacitarse y automatizar el servicio.

En el 2005, un grupo de universidades de la capital buscó suscribirse a bases de datos en línea. Formaron un consorcio, para obtener mejores precios.

Estaban la USFQ, la Central, la EPN, PUCE, UDLA, Flacso. Obtuvieron apoyo de lo que fue la Secretaría de Ciencia y Tecnología para costear la mitad del costo de licencias, que se renuevan anualmente.

Desde el 2012, la Senescyt apostó por bases de datos para todas las universidades públicas y privadas. Mantiene la fórmula de 50 y 50. Para comprar una u otra licencia debe haber unos 10 centros interesados. El problema es que las U. a veces quieren todas las bases, pero no usan al máximo las existentes, dice Andrea Navas, de Innovación Tecnológica de Senescyt.

Andrés Herman, experto en pedagogía y nuevas tecnologías, ratifica esa idea. Considera necesario capacitar a la comunidad académica sobre el potencial de la herramienta.

En contexto

  • En los ochenta se formó la primera Red de Bibliotecas Universitarias. En el 2005, varias universidades de Quito vieron necesario suscribirse a bases de datos en línea. Formaron un club de compras para obtener mejores precios, según Francisco Alomía (EPN).

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