22 de febrero de 2016 00:00

Las visiones de la ayahuasca, en la vestimenta

Las faldas son como una especie de anaco, ya que la tela rectangular se envuelve en la cadera. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO. Modelo: Sara González / Agencia D.I.S

Las faldas son como una especie de anaco, ya que la tela rectangular se envuelve en la cadera. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO. Modelo: Sara González / Agencia D.I.S

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Ana Cristina Alvarado

La ayahuasca es una bebida utilizada por los pueblos indígenas amazónicos con fines medicinales y espirituales. Su consumo permite el acceso a estados modificados de la conciencia en los que, según su cosmovisión, a través de visiones y emociones se curan el cuerpo y el alma.

Esta es una tradición de origen milenario, que une a pueblos precolombinos asenta­dos en los afluentes del Amazonas, desde Venezuela hasta Bolivia. 
En Perú, los Shipibo representan la cultura ayahuasquera en su vestimenta. Los hombres dibujan sobre telas las visiones que han tenido bajo los efectos de la medicina.

Pueden ser elementos de la naturaleza que les rodea; como plantas y flores o animales como la anaconda. Otro motivo recurrente son los ícaros, partituras de las canciones cantadas por los chamanes durante los rituales.
Después toman la posta las mujeres.

Ellas bordan estas formas con hilos de colores. El contraste es intenso, como lo es en las visiones cuando los sentidos se sensibilizan. El trabajo puede tomar hasta seis meses por prenda, ya que es un proceso minucioso. 
Estefanía Egas, productora de cine y televisión ecuatoriana, conoció a los Shipibo al final de un viaje en Perú.

Vivió junto a ellos por tres semanas y entabló gran amistad, por lo que hace un mes mujeres de la comunidad le devolvieron la visita. Juntas expusieron los productos en el mercado de Otavalo y en Quito.


Las ‘mamitas’ Shipibo, como las llama Egas, le confiaron algunos de sus diseños para que sean vendidos. Egas no se considera una comerciante, sino el vínculo entre este pueblo amazónico peruano y el mercado ecuatoriano. 


Su relación con esta comunidad le ha permitido aprender sobre la cosmovisión indígena y sobre los procesos de elaboración de las prendas. Cuenta que en la actualidad ya no elaboran por sí mismos las telas, pues San Francisco (la localidad a la que pertenecen) está cerca a Pucallpa, un centro urbano donde adquieren los materiales ya listos. 


Sin embargo, todavía mantienen otros puntos del proceso de la elaboración de la vestimenta. Las telas se tinturan de café, dejando remojar por dos días con un extracto de la madera del árbol de caoba.

Además de bordados, también pintan los símbolos sobre los textiles con tintes de origen vegetal. 
El producto más conocido de la comunidad son las faldas, que son telas rectangulares que se envuelven en la cadera.

El costo de cada una varía entre USD 65 y USD 55, de acuerdo con la compleji­dad del diseño. 
También bordan en telas más pequeñas, que pueden ser usadas como tapetes o individuales. Estas, según el tamaño y el diseño, pueden costar 
entre USD 15 y USD 35. 


La cineasta adelantó que un grupo de mujeres Shipibo planificaron otra visita a Quito. Durante su estadía ofrecerán ceremonias con ayahuasca y seguirán promocionando su arte, que por lo general es vendido a turistas en el Cusco, Perú. La fecha tentativa de su llegada es el 15 de marzo.

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