28 de agosto de 2016 10:31

La violencia se ensaña más con los niños

Un niño observa el avance de los tanques turcos hacia la ciudad fronteriza de Karkamis. Foto: BULENT KILIC / AFP

Un niño observa el avance de los tanques turcos hacia la ciudad fronteriza de Karkamis. Foto: BULENT KILIC / AFP

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Dennis Rodríguez

Un niño ‘kamikaze’, de entre 12 y 14 años, hace detonar los explosivos que carga y asesina a 54 personas, la mayoría de ellas de su misma edad.

El sangriento ataque, que se escenificó el sábado 20 de agosto en la ciudad de Gaziantep, en el sur de Turquía, delinea una imagen de los tiempos que corren: los infantes se han puesto el ropaje de víctimas -y también de victimarios- en gran parte de los conflictos armados y crisis que azotan a los ‘puntos calientes’ del planeta.

Al igual que el ‘niño suicida’ de Gaziantep, otros dos menores se volvieron los símbolos de las guerras que padecen las zonas de las que proceden. Sus nombres: Aylan Kurdi y Omran Daqneesh. El primero, kurdo y fallecido el año pasado, en una playa turca, cuando con su familia trataba de alcanzar el ‘sueño europeo’; el segundo, sirio y de 5 años, y que milagrosamente se salvó tras un ataque en Alepo, una ciudad siria sitiada y sometida a brutales bombardeos.

Pero, ¿qué hay detrás de la imagen de Omran en ‘shock’, ensangrentado y cubierto de polvo? Gauri van Gulik, director para Europa de la organización Amnistía Internacional, ensaya una respuesta en declaraciones a CNN. “La imagen del niño captura de manera gráfica la horrible situación que los infantes de Siria observan cara a cara, cada día; y eso hace más fácil entender por qué sus padres quisieran embarcar a sus chicos en la desesperada y ardua travesía a Europa”. Y agrega: “Pero si un niño como Omran lograse sobrevivir la travesía y alcanzara suelo europeo, su calvario está lejos de terminar”.

Van Gulik tiene argumentos para señalarlo, porque ha sido testigo de las vicisitudes que pasan los migrantes irregulares, y en especial los menores de edad, que arriban a la isla griega de Lesbos. Esta, desde hace meses, se ha convertido en una prisión para miles de viajeros ‘sin papeles’ que escapan de los conflictos, como los de Siria, Afganistán, Iraq, Yemen, etc., y que desean llegar de cualquier manera a Europa, sin lograr su objetivo en la mayor parte de los casos.

De su parte, los investigadores Leah James, Annie Sovcik, Ferdinand Garoff y Reem Abbasi delinean en el portal Forced Migration Review, un panorama incluso más desolador para los menores y sus familiares. El grupo ha detectado que muchos adultos sirios señalan que el bienestar y el futuro de sus hijos constituyen su mayor fuente de estrés. Y agregan que la mayor preo­cupación gira alrededor de los horrores que han experimentado en este lustro.

Saleem al-Bughdady llora con el cuerpo sin vida de su hija Nour en brazos, tras un ataque aéreo en Duma (Siria), el 23 de agosto. Foto:  Mohammed Badra/ EFE

Saleem al-Bughdady llora con el cuerpo sin vida de su hija Nour en brazos, tras un ataque aéreo en Duma (Siria), el 23 de agosto. Foto: Mohammed Badra/ EFE

Una de las personas entrevistadas, por ejemplo, describe a sus hijas menores como “psicológicamente muy afectadas” por la guerra.
Además, los investigadores han detectado que los niños sufren ansiedad, están asustados y no se hallan en condiciones de creer que un lugar puede ser seguro. En terapias de grupo realizadas, se les pidió que dibujasen un “sitio seguro” de su pasado; pero la mayoría de veces se bloquea su acceso a recuerdos no violentos; en su lugar solo mencionan los tanques y soldados que han copado sus barrios.

Chicos como Omran no han conocido en sus cortas vidas, otra circunstancia que los bombardeos, las armas, los uniformes, el miedo... Para muchos niños y adolescentes sirios, la angustia es resultado de la exposición directa a un trauma relacionado con la guerra, anotan los especialistas de la mencionada publicación.
Pero existen muchos miles más de Aylan y Omran, en diversas zonas del planeta.

De las cerca de 250 000 personas que aún están en el este de la ciudad siria de Alepo, unos 100 000 son niños. Así lo ha calculado Juliette Touma, de Unicef. La foto de Omran “es un recordatorio de lo horrible que es la guerra en Siria y de lo brutal que es el impacto para los niños”, sintetiza Touma a la agencia AFP. Un impacto que se refleja en un video que se hizo viral desde el viernes 26 y en el cual se percibe el dolor de dos hermanos que lloran desconsolados en un hospital de Alepo. Su hermano ha perecido en un ataque y ellos se hallan en ‘shock’.

Video: YouTube Canal: AMC

De las 290 000 víctimas mortales del conflicto en Siria, que se inició en marzo del 2011, 15 000 eran niños. Además, millones de personas fueron desplazadas de sus hogares.

Touma sostiene, asimismo, que seis millones de niños necesitan asistencia urgente y calcula que los menores suponen cerca de la mitad de las 600 000 personas que viven en localidades sitiadas.

Los menores ‘suicidas’

El caso del kamikaze en Gaziantep no es el único, pues la milicia yihadista del Estado Islámico -el mayor enemigo de Occidente- se ha especializado en el reclutamiento de menores para cumplir varias tareas. Una de ellas es actuar como ‘bombas humanas’; otra, ser milicianos, según reseña un estudio de la Fundación Quilliam, de Reino Unido.

Pero Siria y la zona kurda en Turquía no son el único escenario de los menores que padecen por la guerra. Sudán del Sur, en África oriental, soporta un conflicto que ha estado por fuera de los reflectores de la prensa, pero que también ha causado sufrimiento a niños.

En el país más nuevo del planeta (fundado en el 2013), más de 650 niños soldados han sido reclutados por grupos armados desde inicios de año, advirtió la Unicef.

El año pasado, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia reportó que hizo gestiones para en la liberación de 1 775 niños, en Sudán del Sur. Desde que comenzó el conflicto armado, a finales del 2013, se calcula que 16 000 niños han sido reclutados por grupos irregulares y las propias Fuerzas Armadas de un país en crisis.

Los migrantes forzosos

A miles de kilómetros de Sudán del Sur, Siria, Turquía e Iraq, se cifran en más de 26 000 los menores que afrontan otro drama.

Ellos integran el ejército de infantes y adolescentes ‘no acompañados’, que han sido detenidos en la primera mitad de este año, al tratar de llegar de cualquier manera a Estados Unidos.

En su mayoría provienen de naciones pobres, como Guatemala, Honduras y El Salvador. De la existencia de este grupo en alto riesgo alertaron en estos días la propia Unicef y la Organización Internacional de las Migraciones (OIM).

Justamente, un informe de la Unicef, presentado bajo el título de ‘Sueños rotos’, igualmente alerta que otros 16 000 menores, igualmente no acompañados y procedentes de los tres países centroamericanos, nunca lograron alcanzar suelo estadounidense y fueron detenidos en la frontera mexicana en el primer semestre del año.

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