29 de June de 2010 00:00

La vigilancia se refuerza dentro de los colegios

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Redacción Guayaquil

Amontonados en la puerta, un grupo de alumnos del Colegio Aguirre Abad trataba de convencer al inspector para salir temprano. Eran las 10:00 y las excusas eran múltiples. Uno de ellos aseguraba que debía dar un examen de conducción.

“Si no tienen un permiso del colegio, la Policía los puede retener en la calle”, les advertía el maestro en voz alta, mientras los chicos se resignaban a volver a sus aulas.

Desde ayer, en este plantel del norte de Guayaquil, el control para evitar que los alumnos deambulen por las calles durante el horario de clases se intensificó. Una de las medidas fue la conformación de grupos de padres para vigilar la entrada y la salida.

El rector Arturo Cepeda explica que estas comisiones de disciplina están formadas por 84 adultos que recorrerán las puertas y el parque aledaño al lugar. Al día, nueve padres serán los encargados de controlar a los 4 300 alumnos de este establecimiento.

Cepeda recalca que la medida fue tomada para evitar la intervención de la Policía, algo que, según dice, genera un ambiente represivo. “No se debe confundir la falta con el delito. No es lo mismo que un chico esté deambulando que un delincuente común”.

El Rector señala que la falta se debe sancionar acorde al reglamento general de la Ley de Educación. “El estudiante que tenga un 25% de faltas injustificadas, pierde el año. Cuando el inspector verifica que no está en el aula le puede bajar dos o tres puntos. Y ante la reincidencia del alumno se llama a los padres a reunión. Esas son las sanciones”.

Cepeda además atribuye el problema de la ‘fuga’ de los adolescentes a la falta de maestros. Indica que este año solicitaron a las autoridades educativas la contratación de cinco maestros, pero todos renunciaron por falta de pago. “Son 125 horas de clase sin maestro a la semana. Y cuando no hay maestro los chicos se van”.

Cerca de las 11:00, en el Técnico Simón Bolívar, varios chicos esperaban la salida con sus mochilas en hombros. Para pasar el tiempo recorrían corredores y canchas.

En la mañana, el inspector general, Rosendo Ronquillo, comunicó a los estudiantes el instructivo disciplinario aprobado por el Ministerio de Educación.

Este establece que si la Policía encuentra a estudiantes rondando en el exterior del plantel, en horas de clase, serán devueltos a sus establecimientos para recibir la sanción debida. Y solo en caso de sospechas de portar armas o drogas se revisarán sus mochilas.

En la acera, Bryan esperaba un bus. Aún no era la hora de salida, pero el joven mostró un certificado médico del rectorado para que le abrieran la puerta. “Si algún policía me ve en la calle tengo que mostrarles la justificación”.

En el Vicente Rocafuerte, donde estudian unos 6 000 alumnos, 50 maestros son los encargados de la vigilancia. Luis Erazo, inspector general, explica que también pidieron el apoyo de la Policía, pero se cumple a medias.

Victoria Pérez, una madre de familia, está de acuerdo con el fortalecimiento de la disciplina, siempre y cuando sea dentro del colegio, pues desconfía de la intervención policial. “Puede haber abusos. Hay muchachos que salen por travesura o porque no tienen clase, no deberían detenerlos”.

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