29 de agosto de 2014 00:07

'Nuestro video prohibido': los riesgos de volver al inicio 

Annie y Jay son la típica pareja de padres suburbanos estadounidenses. Foto: movieweb.com

Annie y Jay son la típica pareja de padres suburbanos estadounidenses. Foto: movieweb.com

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Ana Veintimilla. Redactora (I)
abveintimilla@elcomercio.com

La pareja de Annie (Cameron Díaz) y Jay (Jason Segel) vivían enamorados, encontrando cualquier excusa para hacer el amor. Hasta que tuvieron un hijo y se casaron.


El filme ‘Nuestro video prohibido’ presenta los cambios de vida que llegan con el matrimonio; retratando a una pareja inmiscuida en una rutina que no les da espacio para su vida privada.

Con un lenguaje coloquial, atrevido, sin necesidad de llegar a la grosería, los esposos muestran cómo el cariño en pareja se va escondiendo entre los quehaceres del día.

Para romper con esta monotonía y encender de nuevo su vida sexual, los esposos deciden realizar un video pornográfico.

Ahí empieza la historia dirigida por Jake Kasdan. Quien logra retratar, en tono de comedia, a un matrimonio que quiere recuperar lo que perdieron con el tiempo. Si bien no se los ve envejecer, el filme hace un leve intento por mostrar que el paso de los años va dejando de lado los anhelos con los que los protagonistas iniciaron su relación.

Al igual que cualquier matrimonio, ellos tienen una necesidad por recordar la adrenalina que sentían al tomar distintos riesgos.

Un riesgo que, en este caso, tuvo sus consecuencias. El caos de la paternidad será poco frente al que deben enfrentar una vez que el video que grabaron está a punto de volverse público.

La sátira se construye a través de la búsqueda por recuperar el video -las escasas risas no empiezan sino hasta la mitad del filme-. Una persecución que llega, por momentos, a perder el hilo de la historia principal.

Aun así, Kasdan crea una clase de noche en la que los protagonistas enfrentan una crisis tanto externa como interna. Logrando que, incluso, hagan lo que muchas parejas creen innecesario: conversar sobre las grietas que ven en su relación y en sus vidas.

Tanto Annie como Jay son el retrato de una pareja ­moderna que trata de combatir a la monotonía, confiando en la tecnología para llevar a cabo esta hazaña. Entre el uso del iPad para la grabación del video y la búsqueda de otras tabletas en donde pudiera ­estar la grabación, el ‘product placement’ de la marca Apple está presente hasta en los diálogos de los personajes.

Nuestro video prohibido’ se convierte, entonces, en un recordatorio de que así como la monotonía llega a la vida sin darse cuenta, también es posible romper los paradigmas y encontrar un espacio para volver a soñar, aunque tenga sus consecuencias.

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