3 de agosto de 2015 19:25

El temor al veterinario se puede prevenir

Nuevos olores, personas extrañas y un ambiente que no le resulta familiar dificulta que su gato o perro quiera acudir al chequeo con el veterinario. Foto: Archivo EL COMERCIO

Nuevos olores, personas extrañas y un ambiente que no le resulta familiar dificulta que su gato o perro quiera acudir al chequeo con el veterinario. Foto: Archivo EL COMERCIO

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Isabel Alarcón
Redactora (I)

La visita al veterinario puede causar estrés y ansiedad en la mascota. Nuevos olores, personas extrañas y un ambiente que no le resulta familiar dificulta que su gato o perro quiera acudir al chequeo. La situación empeora cuando ha vivida alguna experiencia traumática como una operación, una inyección o incluso, un corte de pelo.

Es por eso que los propietarios deben tomar algunas medidas para evitar que la visita al especialista se convierta en un motivo de pelea con la mascota.

Subir al auto puede ser una tortura para el animal ya que lo empieza a asociar con la veterinaria. La enseñanza empieza desde este punto. Byron Paredes, especialista en comportamiento canino, recomienda realizar una serie de ejercicios de adaptación.

Coloque a su perro en el auto, sin empujones y sin tirar bruscamente de su cuello. Después, llévelo al parque o a otros sitios donde se sienta cómodo para evitar la asociación directa entre el automóvil y la veterinaria.

Permita que la mascota suba y baje varias veces del vehículo. Una vez que llegue al consultorio, hágalo sentir seguro. Utilice frases positivas como: “buen perro”, “súper”, “eso es”. Escuchar estas palabras hará que la mascota eleve su confianza y sienta que está haciendo algo correcto.

Las caricias también son importantes para que el animal se sienta en confianza. Si es permitido, ingrese con él a la consulta.

Lo importante es convertir una situación negativa en positiva a través del condicionamiento, explica Paredes. Un pinchazo puede ser molesto, pero si se asocia con un alimento que al perro le agrada, esto generará placer y podrá dejar de lado el dolor por un momento. Similar a lo que ocurre con los niños y el dentista.

Paredes utiliza mantequilla de maní en jeringa con sus canes. Cuando los sube a la camilla les deja probar un poco, después de una vacuna repite la acción y al final del chequeo los vuelve a premiar.

Así, logra que cada vez que las mascotas acuden al veterinario olviden el dolor y lo conviertan en algo tolerable. Permita que la mascota libere energía antes de llegar al médico para que pueda estar más relajado.

Lo importante es generar rutinas para que pueda adaptarse a distintas situaciones. También puede utilizar productos caseros como el agua de valeriana en pequeñas cantidades para que la mascota se relaje.

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