17 de julio de 2014 16:02

El verano, una oportunidad para que los niños despierten su lado ecológico

En el campamento vacacional Pumamaki, ubicado en Tumbaco, los niños aprenden pesca deportiva y cursos de siembra, cabalgatas, etc. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO.

En el campamento vacacional Pumamaki, ubicado en Tumbaco, los niños aprenden pesca deportiva y cursos de siembra, cabalgatas, etc. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO.

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Amanda Granda.  Redactora

agranda@elcomercio.com

El verano llegó y con él una amplia oferta de cursos vacacionales. Además de las tradicionales actividades, este verano es la oportunidad para que los niños aprendan a ser amigables con el planeta.

¿Cómo? En todos los sectores de Quito se ofertan varios cursos en los que el objetivo principal es crear conciencia ‘verde’, a través de caminatas por senderos ecológicos, contacto con animales de granja, talleres de reciclaje, siembra, origami, entre otros.

La aventura se inicia a las 09:00, en las instalaciones del club de pesca deportiva San Isidro, en Tumbaco. Hasta ese lugar llegan 50 niños de entre 3 y 13 años.

Alejandro Pérez, uno de los guías, los recibe. El grupo de 10 niños deja sus mochilas y se prepara para la primera actividad: una dinámica de integración en la que los protagonistas son Marquito y Blanca, dos cuyes que desde los cinco meses de nacidos interactúan con los chicos.

Mientras los pequeños roedores caminan dentro de una ronda que armaron los niños, Pérez explica que ese animal es originario de América del Sur y que a diferencia de los animales silvestres ese sí se puede tener de mascota.

Carlos Huertas tiene ocho años, mira sin pestañear el paseo de los animales. Cuando Marquito se le acerca, lo acaricia y lo toma con cuidado. Ese es su segundo año en el vacacional y asegura que de grande quiere ser veterinario.

Ya con el sol del mediodía, los infantes se preparan para pescar. Los primeros en hacerlo son los niños. Ellos levantan las bastas de sus pantalones e ingresan a una pequeña cascada que recoge el agua del Cotapaxi. “Está helada” grita Francisco Pérez, de 10 años.

Transcurren 30 minutos y se escucha “lo tengo”, es Pedro Carrera, quien logró atrapar el pez. Ahora es el turno de las niñas, quienes, a diferencia de los varones, se organizan antes de ingresar a la cascada.

Se dividen por equipos para buscar a lo ancho de la pequeña laguna. Carla Herrera pide silencio para escuchar a los peces y divisarlos en el agua. Bastan cinco minutos para que las niñas atrapen dos truchas.

Carla y Andrea Calle son amigas de barrio y escuela. Ese es el primer año que van al vacacional Pumamaki. En lo que va de la semana han aprendido las funciones que desempeña cada animal en la naturaleza. Por ello, después de atrapar los peces, les dan un beso y los ponen de vuelta en el agua.

“Los niños entienden que todo lo que se toma de la naturaleza debe ser lo estrictamente necesario y así como usamos lo que nos da, también hay que devolvérselo”, dice Pérez.

Por ello, los asistentes aprenden a sembrar y así equilibrar el ciclo de la naturaleza.


En otro lado de la ciudad, esta filosofía también es aplicable. Se trata del vacacional del Jardín Botánico, en el norte de la capital. Ahí, la actividad principal es la siembra y los beneficios de los huertos ecológicos.

Andrea Peralta tiene 12 años y cuenta que en su casa está armando un huerto. “Aquí me dieron algunas semillas de plantas comestibles, las sembré en mi casa, pero aún no crecen. Con ellas mi mami podrá cocinar”, dice la pequeña.

Para despertar la creatividad de los infantes y su compromiso ambiental a través del reciclaje, el Centro Cultural La Cuchara de San Marcos, en el Centro Histórico, es la opción.

Ahí los niños aprenden que las cosas que en su casa tienen como destino la basura, en la Cuchara de San Marcos se convierten en adornos, jarrones, cometas...

El último sábado, los niños construyeron floreros y baleros y las niñas, joyas hechas de papel y plástico.

Otro de los usos que se le da a las revistas y periódicos en desuso es el origami. Mundo Juvenil, ubicado en el parque La Carolina, ofrece talleres de este tipo de arte.

La materia prima no es problema, pues todo viene desde la casa. Reducir, reutilizar y reciclar son los principios que guían a los pequeños.

Los cursos se realizarán hasta mediados de agosto. Todos cuentan con salidas al campo en las que los niños aplican sus conocimientos ‘verdes’.

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