18 de julio de 2014 00:00

Un verano para los amantes de lo extremo

fotos: Diego Pallero, patricio terán, paúl rivas / el comercio
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Andrés García Redactor

agarcia@elcomercio.com

La temporada de vacaciones abre la posibilidad de encarar nuevos retos y aprender actividades consideradas extremas.
Downhill, skateboarding, patinaje o escalada deportiva son solo algunas de las opciones preferidas entre niños, jóvenes e incluso personas adultas.

A un costado de la pista del parque La Carolina, en el norte de Quito, opera la escuela This is Skateboarding. Ahí se enseña a menores de edad los secretos necesarios para andar en patineta, en la ciudad.

La cátedra es siempre sobre cuatro ruedas y los estudiantes aprenden los movimientos básicos y algunos trucos que les permitirán en el futuro continuar con su afición por la tabla, pero por sí solos. Es el objetivo de la escuela, según Sebastián Amagua, quien fundó el espacio hace cuatro años.

Este ‘profe’, como lo llaman los cerca de 35 alumnos inscritos en la escuela permanente y en los cursos vacacionales, recordó que muchos patinadores principiantes se desaniman por no contar con alguien que les enseñe los movimientos.

“He visto a muchos patinadores principiantes que vienen, se caen una vez, y nunca más vuelven a la pista. La escuela es una opción para que aprendan desde cero y ganen confianza”.

Josefina Serrano, de 13 años, es una de las estudiantes que ha perfeccionado sus habilidades en las rampas. “Una vez vi que patinaban y quise aprender”.

Otras opciones para los amantes de la velocidad y la adrenalina son los cursos vacacionales de downhill, impartidos por Mario Cornejo.

El valor agregado de esta escuela, que lleva tres años, es la presencia de un profesional de la actividad que comparte sus conocimientos y corrige los errores de los estudiantes. Además, se filman videos de los alumnos para que se den cuenta de lo que están haciendo y mejoren de forma rápida.

Mateo Villegas y Fabricio Custode son dos de los asistentes del taller. Ambos han mejorado sus técnicas y tienen proyectado participar en competencias internas. El curso dura tres semanas y los interesados deben contar con el equipo y la indumentaria de protección: casco ‘full face’, rodilleras, pecheras y guantes.

Pero si de desafiar las leyes de la gravedad y probar la resistencia personal se trata, una opción es Vértigo Escalada.  Está ubicado en Cumbayá y cuenta con un muro cubierto; se imparten cursos vacacionales y clases permanentes para aficionados a la escalada y deportistas más experimentados.

Roberto Égüez, presidente del complejo, contó que el muro cuenta con más de 1 500 presas o agarres, que se modifican constantemente para variar las rutas y aumentar la dificultad.

En este deporte extremo se emplea la fuerza física, la técnica y la fortaleza mental para vencer el miedo a la altura.

Joaquín Palacios, de 13 años, es uno de los estudiantes de Vértigo desde noviembre pasado. Su meta es mejorar sus marcas y vencer sus propios temores. “Este deporte es el ideal, ya que combinas la fuerza con el vértigo”.

LOS DEPORTES

Skateboard. La vida sobre la tabla Según estimaciones hechas en las competiciones de skateboarding, en la ciudad hay alrededor de 500 patinadores permanentes. La Carolina, La Roca SkateChurch o el parque lineal de El Calzado son algunos sitios en donde se practica esta actividad extrema. Actualmente hay más patinadores profesionales.

Escalada, una lucha constante. La escalada deportiva combina la fuerza, la técnica y la fortaleza mental para superar los obstáculos. Quienes practican esta actividad generalmente también realizan escalada en roca. La ventaja de los muros de escalada es que no dependen de las condiciones climáticas al momento de entrenar. En La Vicentina, al norte de Quito, se encuentra un rocódromo.

Downhill, velocidad natural.
 El descenso de montaña es un deporte extremo que cada vez gana más adeptos en el país. Hay rutas especiales para downhill en el sector de El Teleférico, en el Parque Metropolitano Guangüiltagua y también en la ciudad de Baños, en Tungurahua. Su práctica requiere una bicicleta con suspensión, cuyo valor oscila entre USD 3 000 y 6 000.

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