6 de November de 2014 20:06

Cada vez se elaboran en el país más vacunas contra las alergias

La microbióloga Norca de la Cadena prepara las vacunas para los distintos tipos de alergia. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO.

La microbióloga Norca de la Cadena prepara las vacunas para los distintos tipos de alergia. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO.

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Elena Paucar.  Redactora (I)
epaucar@elcomercio.com

Miden menos de 0,3 milímetros y habitan la Tierra hace más de 400 millones de años. Parecen arañas microscópicas que necesitan de espacios húmedos y oscuros -como almohadas y colchones- para sobrevivir.

Aunque son invisibles al ojo humano, los ácaros del polvo son los causantes del 50% de alergias respiratorias. Andrés Morales se enteró de su existencia en un video proyectado en el área de Alergología del Hospital Teodoro Maldonado Carbo, del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), en Guayaquil.

Él y otros pacientes observan con atención mientras aguardan el resultado de una prueba de sensibilización cutánea, que será positiva si aparece una roncha rojiza en su brazo. Tan solo un gramo de polvo puede contener entre 100 y 500 ácaros, que se alimentan de escamas de piel humana o animal.

Sus deposiciones (entre 10 y 20 partículas de heces al día), se elevan con facilidad por el aire hasta meterse e inflamar la mucosa nasal o bronquial de la persona, generando rinitis alérgica o asma bronquial.

En su consultorio, la alergóloga Betzy Fernández atiende a unas 30 personas por día, entre niños y adultos. Los ácaros, el polvo, pólenes, esporas de hongos, ciertos alimentos, medicamentos y las picaduras de algunos insectos suelen ser alérgenos o agentes de alergias.

Para buscar un tratamiento adecuado, el primer paso es la aplicación de exámenes de diagnóstico (en sangre y sobre la piel). Así se determina el tipo y grado de alergia para luego crear vacunas individualizadas, a la medida de cada paciente.

La microbióloga Norca de la Cadena se encarga de la producción. Antes de la preparación en el laboratorio, recolecta los alérgenos del ambiente para extraer de ellos las proteínas alergizantes. En el caso de los ácaros, explica, existen más de 100 variedades, cada una puede contener unas 15 proteínas y al menos dos específicas causan síntomas crónicos.

Una vez identificada la proteína exacta, la especialista hace las diluciones en una cabina de bioseguridad. Al inicio se recomiendan dosis ínfimas para no causar ninguna reacción, y se aumenta la concentración a medida que se generan anticuerpos propios.

El objetivo es crear una infección natural, controlada, para alcanzar una inmunidad duradera. Cada frasco de vacuna tiene 10 dosis. Los pacientes reciben 2 frascos, que llevan a casa para inyectarse dos veces por semana, en un tratamiento que puede extenderse hasta dos años.

En este laboratorio producen vacunas para 25 personas por semana. Y proyectan la posibilidad de elaborar vacunas orales a futuro, como en Cuba y Brasil.

El alergólogo Mauro Madero atiende a unos 18 pacientes por día en el Hospital de Niños Roberto Gilbert Elizalde, de la Junta de Beneficencia en Guayaquil. Él especifica que las alergias no son una enfermedad sino una falla del sistema inmune, que confunde una sustancia inofensiva como un invasor y reacciona de forma exagerada.

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