17 de febrero de 2017 00:00

La Uyantza fue celebrada por el pueblo Sarayaku

Los invitados y los hijos del jaguar caminaron en la plaza de Sarayaku al ritmo de los tambores y portando ramos.

Los invitados y los hijos del jaguar caminaron en la plaza de Sarayaku al ritmo de los tambores y portando ramos. Foto: Cortesía Pueblo Sarayaku y Confenaie

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Fabián Maisanche
Redactor
(F-Contenido Intercultural)

Los hombres y mujeres del pueblo originario kichwa Sarayaku rememoraron a sus ancestros y fortalecieron su identidad en una fiesta de agradecimiento a la Pachamama o Madre Tierra, en Pastaza.

La festividad de la Uyantza, que se desarrolla cada dos años, estuvo presidida por Adán Gualinga, José Gualinga, Hipólito Gualinga y Stalin Lliguango. Los priostes representaron a las comunidades Sarayakillo, Cali-Cali, Ushillo Urku y Sarayaku Centro, respectivamente.

José Gualinga, expresidente del pueblo Sarayaku, indicó que el Consejo de Gobierno Tayjasaruta decidió realizar la próxima festividad en el 2020. La resolución permite la reproducción de los animales y de la flora nativa de la selva.

Según el dirigente, las actividades se iniciaron con la yanda mingai o la minga de leña el pasado 28 de enero. Los cuatro priostes con la ayuda de los vecinos, familiares y amigos recolectaron pedazos de madera para elaborar cerámicas, preparar la chicha de yuca y cocinar durante la celebración, que se realizó entre el 10 y 12 de este mes. Las mujeres elaboraron cerámicas de barro donde brindaron la chicha y la comida para el festejo principal. Los cuencos se rompieron el último día de la Uyantza.

Gualinga contó que 150 hombres se internaron y recorrieron las entrañas de la selva por 12 días. Los cazadores recolectaron 240 libras de pescados pequeños y grandes, aves, saínos, monos, guantas y guatusas. Afirmaron que descifraron los mensajes y secretos de la selva y se llenaron de sus energías protectoras.

El experto cazador, de 55 años, indicó que los hombres ingresaron a la selva en cuatro grupos y con canoas, mientras entonaban tambores y las pikuanus (flauta). Esa misma música se escuchó cuando regresaron todos a la playa de Sarayaku Centro.

Allí les esperaron las mujeres con sus rostros pintados con wituk (pintura de frutos de la selva). Los hombres vestían coronas de plumas multicolores y la piel de los animales.

“Nuestras esposas, padres e hijos nos brindaron la chicha en señal de cariño y de bienvenida luego de nuestra ausencia y peregrinaje. Este es el inicio del ritual más antiguo del pueblo amazónico”, dijo Gualinga.

En las cuatro casas de los priostes se entregó la carne de los animales cazados y la ubicó en los techos de las viviendas. Además, recibieron a los 500 invitados entre los que se encontraban líderes indígenas de pueblos y nacionalidades aliadas, sacerdotes, misioneros, turistas y autoridades.

Según Patricia Gualinga, dirigente de Sarayaku, la fiesta se realiza al sonido del tambor. La dirigente indicó que las mujeres danzaron en el ritual de la danza y brindaron la chicha a los asistentes. Ellas fueron las encargadas de repartir los alimentos en un almuerzo comunitario. “Los ‘hijos del jaguar’ hemos rememorado nuestra identidad con alegría, bondad y solidaridad en estos días”, aseguró Gualinga.

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