20 de enero de 2017 00:00

Un monstruo viene a trastocar la realidad de un niño

El filme, dirigido por Juan Antonio Bayona, relata la triste pero  esperanzadora historia de Conor O’Malley

El filme, dirigido por Juan Antonio Bayona, relata la triste pero esperanzadora historia de Conor O’Malley. Foto: Archivo 

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Fernando Criollo
Redactor (I)
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En su tercer largometraje, ‘Un monstruo viene a verme’, Juan Antonio Bayona se instala en el umbral entre la realidad y la fantasía, entre el dolor y la calma y también entre la infancia y la adolescencia.

El director de ‘El orfanato’ y ‘Lo imposible’ completa un ciclo cinematográfico en el que ha profundizado, desde distintos ángulos, sobre las relaciones entre padres e hijos y en el que también deja algunas reflexiones sobre la muerte.

Esta vez recurre al libro homónimo escrito por Patrick Ness, quien se encargó de adaptar su propia novela al lenguaje cinematográfico, para contar la historia de un niño, muy grande para ser un adulto y demasiado joven para ser un hombre, que es acosado por una pesadilla recurrente.

Ese niño es Conor O’Malley (Lewis MacDougall), quien a sus 12 años se ve en la necesidad de asumir ciertas responsabilidades del hogar, tras la separación de sus padres y una grave enfermedad que aqueja a su madre (Felicity Jones).

Circunstancias que se proyectan en forma de insalvables abismos en sus pesadillas, que se traducen en una extraña introversión en el entorno escolar, que lo coloca en una situación vulnerable frente al abuso de algunos de sus compañeros.

Una realidad que el director español recrea con crudeza, suavizada con emotivos momentos familiares y que, pasada la medianoche, abandona para atravesar el umbral hacia un mundo de fantasía, donde Conor busca refugio a su inconfesable dolor.

Una transición que además adquiere un valor artístico a partir del tratamiento de la luz, los ambientes y de un magnífico trabajo de animación, así como de la capacidad del director español para sostener un relato coherente entre la realidad y la fantasía.

Esa fórmula de escape provoca el encuentro del protagonista con un arbóreo monstruo de voz potente y profunda (Liam Neeson), que le ofrece tres historias a cambio de una inclemente verdad que sospecha oculta detrás de una desafiante mirada.

Aunque las historias que comparte aquel monstruo mantienen un sentido aleccionador, se alejan del lugar común en un intento por comprender las paradojas de un mundo donde las brujas no siempre tienen malas intenciones, los más valientes príncipes cargan con grandes culpas y los uraños hechiceros tienen nobles intenciones.

La película de Bayona es un cuento tan doloroso como terapéutico, en el que la luz de la verdad solo aparece luego de aprender a abrazar la oscuridad con los ojos bien abiertos y un corazón honesto.

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