10 de abril de 2017 09:16

La ‘U’ se adapta a la matriz productiva

galo paguay/ el comercio La Facultad de Administración de Empresas, en la av. Universitaria, es una de las más demandadas de la Central.

La Facultad de Administración de Empresas, en la av. Universitaria, es una de las más demandadas de la Central. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

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Diego Bravo
y Mariela Rosero

La Universidad Central ya tiene cien profesores con título de PhD. Y otros 300 se forman en el exterior. Los de las ramas de la Educación y Derecho están en España; los de Administración y Economía, en Argentina; los ingenieros, en Nuevo México, EE.UU.; los agrónomos, los veterinarios y los bioquímicos, en Bruselas; los inmunólogos y genetistas, en Holanda...

Lo resalta, orgulloso de la ‘internacionalización’, Fernando Sempértegui, el rector. Su universidad es la segunda más grande en el país, en número de estudiantes, con 38 645; la de Guayaquil tiene 63 397.

La capacitación del maestro es parte de los ajustes en la matriz cognitiva, necesarios para el cambio en la matriz productiva. Lo dice René Ramírez, titular de la Secretaría de Educación Superior (Senescyt).

Aunque aclara, esto no se hace de la noche a la mañana. Y, no solo corresponde al campo de la educación formal sino a diferentes ámbitos.

La pertinencia de la oferta y nuevas carreras, más la política de becas configuran la base estructural para avanzar en el cambio de la matriz. Eso apunta Ramírez, para quien la oferta más pertinente está en los institutos técnicos y tecnológicos. En el caso de las ‘U’, se ha avanzado, pero “debe estar más vinculada a necesidades y potencialidades del país”.

Sobre el camino hacia el cambio de matriz, la Central tiene su visión. Según Sempértegui, no se pueda dar el salto directo de los productos primarios a las tecnologías más avanzadas, a la robótica, cibernética, la nanotecnología, etc.

Él va por el cambio gradual, en procesos que permitan al país ganar mercados apropiados. Hasta el 2012, dice, fue la Comunidad Andina. Las manufacturas de baja y mediana intensidad se vendían ahí.

La Central decidió alinear su nueva oferta en procesos en los que hay experiencia: la ingeniería textil. Otra apuesta es mejorar la calidad de alimentos procesados, pues aún el desarrollo es artesanal. Buscan el visto bueno para la carrera de Ingeniería de Alimentos.

El cambio requiere tiempo, coincide Carlos Montúfar, rector de la Universidad San Francisco de Quito, quien habla de hasta tres generaciones. Cita el caso de Corea, país devastado en 1950 y que ya es una potencia en generación de ciencia y tecnología. “No se puede llegar a ese nivel en 10 años”.

Para él, en el país hace falta la cultura de ciencia y tecnología que tienen Japón, Israel o EE.UU. Allá, la gente es innovadora desde que nace, dice. Falta mucho para que desde la primaria se forjen científicos.

Ecuador tiene un gran laboratorio natural del mundo en biología, vulcanología, geología y ciencias marinas. Pero -dice- no ha sido aprovechado.

A eso apunta Ikiam, la Universidad Regional Amazónica, uno de los cuatro centros creados en la Ley Orgánica de Educación Superior (LOES). Según Jesús Ramos, rector, Ikiam es la columna vertebral de la formación de científicos, para emprender procesos de generación de conocimiento y cambio de matriz productiva.

Sus cuatro carreras se concentran en investigación científica, biodiversidad y ciencias del agua y de la vida. Hay 320 alumnos, la primera promoción egresaría en 2020.

En la Escuela Politécnica Nacional (EPN) también se ve al cambio de matriz productiva como una meta a largo plazo. Andrés Rosales dirige el departamento de Innovación y Transferencia de Tecnología. Considera que se han dado pasos importantes.

Por ejemplo, la incorporación de 40 investigadores de España, Bélgica, EE.UU...

El programa Prometeos, de Senescyt, nutrió a los centros que vieron disminuidas sus plantas, por la jubilación obligatoria (a los 70 años). Lo que hicieron acá no se verá en uno o cinco años, grupos de investigación se están consolidando. Rosales añade que al país le hace falta que las empresas inviertan más en investigación como en otras naciones.

En estos años, en la EPN ya se ha desarrollado tecnología para drones: diseño, construcción y control. Con ese proyecto han realizado 10 publicaciones en revistas indexadas. Esa fue una de las exigencias del Consejo de Evaluación de la Calidad (Conea), que pasó revista varios puntos de la ‘U’.

Tras el informe, del 2009, se determinó el cierre de 14 universidades, por mala calidad. Estudió otras variables, así se supo que de los 33 007 catedráticos, solo el 4,8% tenía una carga horaria de dedicación exclusiva. La Central tiene ya 1 100 profesores a tiempo completo, de 1 700; ha formado un grupo dedicado a afianzar la investigación, la ‘U’ está conectada a Internet, el presupuesto en el 2006 era de USD 70 millones, hoy de 125 a 130 millones...

El entusiasmo, con el que Sempértegui lo cuenta, no hace que olvide el 2013 y 2014. En ese período se jubilaron unos 800 profesores titulares de 1 900. “Más fácil hubiera sido cerrar algunas ingenierías”. Era la época en que se criticaba la disposición de la LOES por la que solo quienes se jubilaran hasta el 2014 recibirían la pensión complementaria.

Las críticas también apuntaban a la obligación de contar con PhD. El tema fue revisado, hay una figura de transición y los nuevos aprovechan la oportunidad de formarse en el extranjero, becados por la ‘U’.

Otro tema ajustado fue el examen de ingreso, que rige desde el 2014. El sistema de admisión, otra vez está en manos de cada centro, en coordinación con la Senescyt, para evitar doble asignación de cupos.

En la Central apoyan el filtro pero van por otra fase, revisan la pertinencia de carreras muy demandadas como Administración. Allí el 40% de egresados no trabaja o gana poco. Hay un plan y nueva oferta.

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