7 de diciembre del 2016 00:00

En la UNAE las prácticas se inician en primer año

Los estudiantes desarrollan proyectos innovadores; en los últimos años incluso preparan clases que son evaluadas. Xavier Caivinagua para EL COMERCIO

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Lineida Castillo
Redactora (I)
lcastillo@elcomercio.com

La jornada de clases se inicia a las 07:15 con la distribución de la colación en la Unidad Educativa Mushuk Kawsay, cantón El Tambo, en Cañar. A esa hora Alexander Barrera y Fabrizzio Núñez, estudiantes de la Universidad Nacional de Educación (UNAE), se aseguran de que cada niño de segundo de Básica A tenga su refrigerio.

El desayuno mejora el rendimiento, repite Núñez a los niños mientras camina por el aula revisando que se sirvan todo. Hacer que se alimenten no es la única tarea de estos jóvenes de la carrera de Educación Intercultural Bilingüe. Comparten con ellos las actividades que desarrollan durante toda la jornada de seis horas diarias.

Desde el primer ciclo, los 900 alumnos de las carreras de Educación Inicial, Básica, Especial e Intercultural realizan prácticas en 19 centros educativos de Azuay y Cañar. Esto es parte del modelo pedagógico de la UNAE, tomado de experiencias exitosas del mundo y de la reforma curricular, según el rector Freddy Álvarez.

En las aulas, los universitarios se convierten en un apoyo académico para los docentes titulares de los grados, comparten conocimientos y aprenden al ver el desempeño de los maestros, explicó María Pantoja, maestra de Aproximación-
Diagnóstico. Con la experiencia adquirida desarrollan proyectos de investigación.

En la Unidad Mushuk Kawsay estudian 520 niños. 19 universitarios apoyan las clases en los diferentes niveles. La maestra del segundo A, Zoila Cazho, desarrolló su clase de matemáticas sobre los conjuntos de partida y de llegada.

Durante los ejercicios en clases, Barrera y Núñez se acercaban a cada niño para constatar si entendieron, en caso de no hacerlo volvían a explicarles el tema. Para el rector, David Nivelo, el beneficio es mutuo.

“Los universitarios adquieren experiencia y los niños aprenden más rápido con el apoyo de otros docentes”.

La carga horaria de prácticas es gradual. En los dos primeros semestres, los universitarios cumplen 40 horas al participar un día a la semana en todo el ciclo. En estas dos etapas, a más de apoyar en las clases regulares realizan proyectos creativos con los niños, como técnicas de animación a la lectura, creación de bibliotecas en las aulas, etc.

En el tercer semestre cumplen prácticas de inmersión o vinculación con la comunidad en donde está la escuela. Los universitarios se quedan dos semanas compartiendo con la gente de los pueblos y con los estudiantes en las aulas.

Para esto, unos rentan cuartos, pero generalmente familias de la zona los acogen gratuitamente en sus hogares. Ellos aportan con alimentos y ayudan, principalmente, en la preparación de las comidas. En estos días, por ejemplo, seis jóvenes se quedaron con Gabriel Pichazaca y Adela Guamán.

Los estudiantes viven en la segunda planta de la casa, cerca del centro de El Tambo. “Son como mis hijos”, contó la indígena conocida como ‘Mama Adela’. Para Mónica Contreras, esa convivencia es un complemento a su formación porque las familias comparten historias sobre las luchas indígenas, sus tradiciones… Estos temas atraen a alumnos de Educación Intercultural.

Para el cuarto ciclo han ganado experiencia y se quedan seis semanas en la comunidad. En este semestre, los universitarios también desarrollan dos clases con los estudiantes sobre temas fijados por el tutor. Estas son grabadas en video y evaluadas por el docente, quien le sugiere los ajustes.

Alexander y Fabrizzio estaban ansiosos por dar su primera clase en segundo de Básica. Será una oportunidad para detectar las posibles falencias en la transmisión de los conocimientos y evaluar su relación con los niños.

Entre el sexto y noveno semestres, más de 320 de un total de 810 horas académicas son dedicadas a la práctica. Los universitarios pasan buena parte del tiempo concentrados en las prácticas en los centros educativos. Y sus clases las reciben de forma virtual.

En la Escuela Emilio Abad, de Azogues, estudian 1 280 niños y se apoyan con 60 estudiantes de la UNAE. Con este centro educativo, esta universidad dio inicio a las prácticas de sus alumnos. Para la maestra Daysi Ortiz, la experiencia es exitosa porque los jóvenes son participativos, colaboradores y muestran su creatividad.

Por ejemplo, la profesora Ortiz mencionó que en esta escuela crearon bibliotecas en cada grado y los denominados rincones del saber. Estos dos espacios llamaron la atención de los pequeños.
“Ellos están encaminados a seguir lo que establece la Reforma Curricular sobre la creatividad, motivación a los estudiantes, idear instrumentos de enseñanza de los docentes…”.

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