21 de abril de 2016 00:00

Las tzantzas son un símbolo de los guerreros shuar

Un guerrero presenta tres cabezas reducidas. Los shuar habitan en Morona Santiago y Zamora Ch. Foto: Archivo/ EL COMERCIO

Un guerrero presenta tres cabezas reducidas. Los shuar habitan en Morona Santiago y Zamora Ch. Foto: Archivo/ EL COMERCIO

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Ana Veintimilla Redactora
F - Contenido Intercultural
abveintimilla@elcomercio.com

Las tzantzas son cabezas humanas reducidas que se conservan como símbolo de haber vencido al enemigo. Se las identifica como parte de la nacionalidad Shuar, quienes desarrollaron técnicas especializadas para preservar las cabezas que aún después del cambio conservan el cabello, bigote y cejas intactos y continúan creciendo.

El proceso de elaboración forma parte de un rito explica Catalina Sosa, coordinadora general del Museo Mindalae, “cuando se hace una tzantza se ayuna, es parte del ritual de la guerra”, que lleva horas de elaboración.

Plutarco Naranjo, autor del libro ‘Mitos de los pueblos americanos’ anota en su texto que el proceso iniciaba una vez que se da muerte al enemigo. “El cadáver era de inmediato decapitado y cosidos los párpados y labios para que el espíritu de la venganza no pudiera fugarse”. A su vez los huesos de la cara y el cráneo eran extraídos con un conocimiento profundo de la anatomía pues se mantienen las facciones de la persona.

Lo que seguía era un proceso de curtiembre, dice Naranjo en su texto. “Consiste en sumergirla en un cocimiento de varias plantas, algunas de las cuales se ha encontrado que son ricas en taninos”. La cabeza entonces quedaba reducida pero conservada. Sosa añade que este ritual no existe en otras partes del planeta “es interesante porque se guardan las facciones de la cara y se puede reconocer a la persona”. Añade que se la ahúma después y largamente como parte del proceso de reducción “pero también para atenuar la venganza del enemigo, vencido y reducido a tzantza”.

Pero más allá de un trofeo de guerra el símbolo de la tzantza es una representación de que el vencedor no solo ha dominado en cuerpo al enemigo sino también en espíritu.

Al finalizarlas se realizaba una celebración por el triunfo ante el enemigo colocando la tzantza sobre una pica en medio del patio. Las cabezas, dice Sosa se transforman en un símbolo de poder y se convierten en un amuleto para el guerrero vencedor “quien se las cuelga en el pecho para exhibir que logró someter no solo su cuerpo sino su espíritu” al opositor.

Aunque ya no vivan en un contexto de guerra, para los shuar “en toda su vida ha incidido la guerra. Es un código de comportamiento muy antiguo de los cazadores-recolectores” que dominan territorios -según Sosa-.

Naranjo añade que uno de los motivos para elaborar una tzantza es la venganza. Sobre todo de la muerte de un joven -fuerte y saludable- dentro de la comunidad que es considerado un fenómeno sobrenatural. “Quiere decir que algún chamán enemigo ha enviado sus flechas invisibles y ha provocado la enfermedad y la muerte”.

Frente a este conflicto la comunidad agredida realiza un ritual en el que el chamán, bajo efectos, de la ayahuasca indica el causante de la muerte y da una guía para la expedición. También, simbolizan la derrota del enemigo en cuanto a territorio. Más cabezas imponían una mayor reputación para el guerrero.

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