28 de marzo de 2018 16:04

Tyler Wetheral pasó su infancia siendo la hija de un narcotraficante

Tyler Wetherall junto a su hermana y Benjamin Glaser en los Alpes. Foto: Twitter, @tylerwrites

Tyler Wetherall junto a su hermana y su padre Benjamin Glaser en los Alpes. Foto: Infobae

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Infobae - Red de Noticias Albavisión

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Corría le década del ochenta y el presidente de los EE.UU Ronald Reagan había declarado la 'guerra contra las drogas', en un contexto donde el ingreso de toneladas de cocaína y marihuana al país del norte parecía una situación difícil de controlar.

Mientras Pablo Emilio Escobar Gaviria, el fundador y cabecilla del temerario 'Cártel de Medellín' se consagraba como uno de los hombres más ricos del mundo al contrabandear alrededor del 80% de la cocaína que ingresaba en los EE.UU. durante el apogeo de su carrera criminal, miles de traficantes de menor calaña intentaban seguirle los pasos al 'Patrón'.

Entre ellos se encontraba Benjamin Glaser, un hombre norteamericano que como tantos otros contemporáneos, estaba obsesionado con llevar adelante una vida alineada con la idea del éxito material en los EE.UU.

Pero a diferencia de la mayoría de las personas, quienes prefieren mantenerse dentro del marco de la legalidad a la hora de llevar adelante sus emprendimientos, Glaser decidió montar un negocio de importaciones con base en San Francisco, de características cuando menos peculiares.

Su 'empresa' terminaría ingresando a los EE.UU. y distribuyendo a distintos mercados internos y externos más de treinta toneladas de marihuana proveniente del Sudeste asiático. Casi cuatro décadas más tarde, Tyler Wetherall, su hija menor, decidió contar su peculiar experiencia de vida como una niña, hija de un narcotraficante que aparentaba ser un padre común.

Portada del libro 'Sin camino a casa'. Foto: Página oficial, tylerwetherall.

Sus memorias tituladas 'Sin Camino a Casa' brindan una mirada distinta sobre el mundo del tráfico de drogas, una visión desde la perspectiva de los familiares de criminales que, al igual que en otros incontables casos a lo largo de la historia reciente, ignoraban las actividades de sus progenitores hasta que el mundo y la realidad que manejaban se vinieron abajo como un castillo de naipes.

En su libro, Wetherall describe una infancia marcada por la cultura nómade propia de la actividad criminal de su padre: vivió en 13 hogares diferentes y 5 países distintos en una década.

La joven nació en 1983 y a los pocos años su familia se vio obligada a migrar a Roma tras enterarse de que el FBI había comenzado a sospechar de la actividad de Glaser, con suficiente evidencia como para procesarlo.

Tiempo más tarde tuvieron que mudarse a Portugal y solo meses después siguieron rumbo al sur de Francia, donde se instalaron en la fastuosa comuna de Lougins y compartieron vecindario con el dictador haitiano Jean Claude Duvallier 'Baby Doc' (hijo del mítico Françoise 'Papa Doc' Duvallier) y el traficante de armas saudí Adnan Khashoggi.

"Crecimos rodeadas de mucha riqueza, pero como todos a nuestro alrededor vivían de la misma forma, se sentía como algo normal" explicó la escritora en diálogo con el periódico The New York Post, por motivo de la publicación de su libro.

"Ellos intercambiaban información sobre cómo mantenerse a salvo, cómo ingresar a sus hijos a la escuela bajo un nombre falso y hasta como gastar el dinero que había sido obtenido de forma ilícita" detalló Whiterall, quién además recuerda cada mudanza como algo que no se podía cuestionar pero que de cualquier manera odiaba tener que atravesar.

Su madre Sarah, una modelo de origen británico, se cansó de llevar adelante una vida de fugitivos y en 1987 decidió finalmente divorciarse. "Estaba devastada, todos mis cumpleaños deseaba que volvieran a estar juntos". Más allá de su tristeza asociada a la separación de sus padres, Wetherall destaca en su libro que su padre siempre hizo lo imposible para estar presente, ya sea al encontrarse con ellas en los Alpes suizos o en alguna casa segura en Londres.

En 1993, y luego del arresto de varios de sus socios, Scotland Yard decidió ir tras los pasos de Glaser. Luego de requisar el hogar de Londres donde residían las niñas y su madre en busca de evidencias, el escrutinio sobre la familia se volvió más intenso y Tyler se vio obligada a comunicarse con su padre mediante cartas, por el temor de su madre de tener las líneas telefónicas intervenidas por la policía.

"Muchos hombres en su posición hubieran abandonado a su familia, pero aún durante este período papá siempre quiso ser una parte importante de nuestra vida. Fue un padre maravilloso a pesar de las decisiones de vida que tomó" explicó la joven quién detalló que este afán por no cortar relaciones lo llevaría eventualmente a su captura.

En octubre de 1995, una investigación llevada adelante por Scotland Yard y el FBI llevó a dar con el paradero del narcotraficante, gracias al rastro que dejaron sus hijas. Las niñas habían viajado hasta Santa Lucía, en el Caribe, para celebrar el cumpleaños número 12 de Wetherall.

A pesar de que Glaser logró escapar gracias a la advertencia de su ex mujer de que lo estaban siguiendo, cuatro meses más tarde sería finalmente arrestado en la paradisíaca isla. "Creo que se había cansado de correr y escaparse" explicó Wetherall.

Su padre fue sentenciado a 10 años de prisión por una corte de California, pero finalmente terminó cumpliendo una condena de 5 años y 10 meses. Actualmente en libertad, trabaja como un asesor financiero mientras que su madre vive en el Reino Unido, ya retirada.

Luego de pasar meses junto a su padre durante la investigación para su libro, Wetherall asegura haberlo perdonado. "Tengo gran admiración por él" concluyó la escritora.

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