10 de junio de 2014 16:40

Tres destinos para observar fenómenos naturales cargados de electricidad

Una nueva opción para realizar turismo es observar fenómenos naturales como las tormentas eléctricas

Una nueva opción para realizar turismo es observar fenómenos naturales como las tormentas eléctricas. Foto: EFE

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El Universal de México/GDA
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¿Cuántas veces no has pedido que "te parta un rayo”? Hay que tener cuidado con lo que deseas porque se puede cumplir. Y es que en estos tres lugares del mundo las tormentas eléctricas son el motivo del viaje, una aventura extrema que nos electrizará hasta la piel.

Arizona

Julio y agosto son los mejores meses para irse a cazar tormentas eléctricas al desierto de Arizona, con suerte el espectáculo te puede tocar en el Gran Cañón. Un grupo de británicos fundó la tour operadora Weather Holidays, son expertos en monitorear el clima a través de sistemas satelitales instalados en camionetas. Los cazadores salen de ocho a 10 días buscando los mejores rayos. La escena está garantizada.

Pero los rayos no lo son todo, en la travesía se pueden encontrar con tornados y haboobs (temerosas tormentas de polvo). El viaje incluye hospedaje y alimentos. www.weatherholidays.com

Venezuela

No hay otra parte del mundo como el río Catatumbo, cerca de Maracaibo, que tenga el Récord Guiness por la mayor cantidad de rayos producidos al año. Aquí, el espectáculo consta de 1 millón 176 mil descargas de energía, 280 por hora en 160 noches al año. Son visibles a 400 kilómetros de distancia y es uno de los mayores atractivos en la parte norte del país. Los tours para ver iluminarse el cielo en tonos violetas y blancos inmaculados comienzan de abril a noviembre. Eco Tours Venezuela tiene un recorrido de tres días, pernoctando una noche en palafitos y hamacas para observar el espectáculo de luz y escuchar el estruendo que hace vibrar hasta el corazón. www.venezuelaecotours.com

Canadá

Desde noviembre hasta febrero llegan a Tofino, la costa oeste de Vancouver, las tormentas marítimas de Japón, creando olas que superan los cinco metros y bañan un bosque de abetos milenarios. Aunque las escenas simularan una película de terror con el cielo negro y las olas bufando, hay hoteles como Wickaninnish Inn que arman paquetes y ofrecen experiencias alrededor de este fenómeno. Las olas pueden observarse a pie de playa o desde el jacuzzi de la habitación con ventanales panorámicos para no perder detalle. En Driftwood Café los huéspedes dejan la ropa de lluvia para secarse, mientras disfrutan de un chocolate caliente. Otro servicio es el spa al aire libre. www.wickinn.com

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