9 de octubre del 2016 00:00

Tungurahua: los páramos vuelven a ser verdes

Análisis técnicos deter­minaron que el agua del sector es rica en hierro. Fotos: Raúl Díaz para EL COMERCIO

Análisis técnicos deter­minaron que el agua del sector es rica en hierro. Fotos: Raúl Díaz para EL COMERCIO

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Fabián Maisanche
Redactor
fmaisanche@elcomercio.com
(F - Contenido intercultural

Los páramos de la comunidad Calhua Grande, en la parroquia Martínez, comienzan a florecer. Los colores verde y café de los pajonales, los musgos y las almohadillas (esponja de almacenamiento o retención de agua) se pueden observar desde el camino que fue construido a 3 800 metros sobre el nivel del mar.

La vía lastrada fue utilizada por los campesinos y trabajadores para retirar los troncos de los árboles de pino radiata. Los comuneros, junto con técnicos del Ministerio del Ambiente y de la Prefectura de Tungurahua, decidieron talar los árboles gigantes en los últimos meses del 2014. Aún están en pie unos pocos ejemplares.

Los especialistas e indígenas coincidieron en que el pino radiata, el pastoreo de ovejas y vacas y la cacería fueron los causantes para que los animales desaparecieran y el agua disminuyera en los páramos del noroccidente de Tungurahua.

Olga Muzo, presidenta de Calhua Grande, recuerda que el agua comenzó a secarse en las diferentes vertientes desde el 2008. Eso originó que el abastecimiento del líquido vital, que es utilizado para el riego y el consumo humano, afectara a las 600 familias que habitan en las poblaciones de Calhua Chico, Calhua Grande y en otras comunidades de Tungurahua.

El efecto de la sequía también lo sintieron en la comunidad San Diego, perteneciente a la parroquia Mulalillo, de la provincia de Cotopaxi. Muzo explica que de los cuatro litros de líquido por segundo que abastecían a la población, hubo una reducción a menos de dos litros, en el 2008.

Los comuneros se encargan de elaborar parte de los proyectos hídricos de la zona.

Los comuneros se encargan de elaborar parte de los proyectos hídricos de la zona.

Los líderes comunitarios comenzaron a preocuparse porque el agua que les llegaba tenía rastros de heces fecales de los animales. Según datos del Parlamento Agua, del Gobierno Provincial de Tungurahua, 250 cabezas de ganado y 300 ovejas pastoreaban en este lugar, ambientalmente sensible.

Los comuneros también denunciaron que los semovientes de las comunas de las parroquias Kisapincha y San Diego llegaron a estos espacios a pastorear libremente.

“Nos reunimos con los Cabildos de Kisapincha para evitar estas intromisiones en los territorios que ya estaban dañados. Meses después, la comunidad se unió para rescatar el páramo”, indica Muzo.

Una de las acciones de recuperación fue comercializar la madera a una empresa de Cotopaxi en USD 50 000. El retiro de los troncos y ramas dejó un área desértica. Las ramas, hojas y semillas secas son la muestra de que en ese espacio hubo un bosque de pino.

Andrés Bombón recuerda que la comunidad recibió el 70% de los recursos económicos y el resto se entregó al Ministerio del Ambiente. Los funcionarios entregaron algunas plantas típicas de la zona, como el quishuar, paja y otros. El hombre, de tez trigueña y cabello cano, indica que el páramo comenzó a regenerarse por sí solo. Las almohadillas y la paja se abren espacio entre los troncos secos. Los venados de cola blanca, zorros y aves también regresaron a este espacio en poco tiempo.

El agua es el bien más cuidado por la nueva generación de campesinos de este lugar.

El agua es el bien más cuidado por la nueva generación de campesinos de este lugar.

“Cuando era niño subía con las ovejas que tenían mis padres hasta donde estaban las antenas de transmisión. Cuando los taitas (padres) accedieron a sembrar los pinos, todo comenzó a secarse”, recuerda el agricultor de la localidad.

Los lugareños anhelan que las 340 hectáreas del páramo de Calhua Grande se conviertan en una reserva natural. Los trámites se encuentran en el Municipio de Ambato.

Además, los campesinos
indicaron que en esta zona están prohibidos la caza y el pastoreo. Asimismo, un grupo de trabajadores se encarga de construir canaletas de concreto para trasladar el líquido vital hacia la planta potabilizadora. La infraestructura es fabricada con la ayuda de la Prefectura de Tungurahua y la comuna, a un costo de USD 150 000.

Luis Cuji, técnico de la Prefectura, comenta que el agua tiene una cierta turbiedad y un nivel alto de hierro. “La planta de agua ya está lista y solo falta construir las canaletas. Los campesinos tomaron conciencia y ahora luchan por tener una reserva natural”, asegura Cuji sobre el proyecto.

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