16 de febrero de 2018 00:00

Tsáchilas retratan lo que imaginan en rituales

Agustín Calazacón elabora sus propias figuras para que puedan identificar su centro cultural. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO

Agustín Calazacón elabora sus propias figuras para que puedan identificar su centro cultural. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO

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Bolívar Velasco
Redactor
bvelasco@elcomercio.com
(F-Contenido Intercultural)

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Los tsáchilas piensan y observan objetos propios de sus tradiciones cuando se encuentran en sus momentos más íntimos.

Desde la época de los ancestros de esta etnia se supo que incluso imaginaban animales, cuadros, rectángulos y figuras con diversas formas y tamaños. Estos detalles apenas se contaban en cuentos y danzas folclóricas. Pero ahora hay una iniciativa en marcha que busca que esas ideas se plasmen en pinturas, murales, maderas con tallados y cualquier objeto que pueda servir de lienzo.

El chamán Agustín Calazacón incursionó en esta práctica hace seis meses cuando desmontaba la parte más gruesa de un árbol que se caía poco a poco por sus años de existencia. Era un tronco con un diámetro amplio y muy sólido y con una forma de mariposa.

Para no descartarlo del todo cortó la parte menos afectada y fue cómo le surgió la idea de pintar sobre el madero en una noche de ingesta de ayahuasca.

Bajo el efecto de esta bebida alucinógena hizo unas rayas onduladas y figuras similares a las hojas de un árbol.

Luego pensó en hacer un felino en el centro del tablero, pero en el trance no supo retratar de manera exacta el rostro del animal. Fue al siguiente día cuando se percató que en sus observaciones quería retratar a este felino que en la tradición tsáchila simboliza la fuerza.

Los lienzos en maderos que crean los tsáchilas se exhiben como anuncios de los centros culturales de las siete comunas de esta nacionalidad.

Estos rótulos reemplazan progresivamente a los que se hicieron en tableros rústicos y en las lonas que les proveyeron las empresas de diseño gráfico.

En la comuna Chigüilpe también les llaman chuletas de madera a los rótulos que tienen la forma de ese corte de la carne.

Budy Calazacón dibujó su retrato en uno de esos materiales para que los turistas o visitantes extranjeros puedan identificarlo al llegar a su centro cultural Seke Sonachum (Buen Vivir, en idioma tsáfiki). En el cuadro de madera se observa el busto y su rostro.

Los tsáchilas piensan y observan objetos propios de sus tradiciones cuando se encuentran en sus momentos más íntimos. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO

Los tsáchilas piensan y observan objetos propios de sus tradiciones cuando se encuentran en sus momentos más íntimos. Foto: Juan Carlos Pérez para EL COMERCIO

Sobresalen las rayas negras sobre su cuerpo y el pelo pintado con achiote.

Quienes lo inspiraron para pintar cuadros y murales fueron los extranjeros que cada año llegan a ese centro cultural, motivados por el intercambio de experiencias.

Mientras Calazacón les enseñaba las técnicas para cortar y tratar la paja toquilla, ellos luego le daban indicaciones para retratar animales y cuerpos de tsáchilas ancestrales sobre las paredes de caña.

Una de las cabañas en Seke Sonachum tiene las cuatro paredes con figuras alusivas al gobernador vitalicio de la etnia, Abraham Calazacón.

La obra fue un recuerdo que dejaron los extranjeros que visitaron esta nacionalidad de Santo Domingo de los Tsáchilas.

Sobre un paisaje copado de árboles, monos, tigres y aves también está la forma humana de una pareja de tsáchilas que evocan a las caminatas que ellos realizaban en busca de sitios para habitar.

En la parte superior del mural aparecen figuras de diversos colores y en formas rectangulares.

En realidad eso intenta reflejar al arcoíris que en épocas pasadas apareció cuando los tsáchilas fueron debilitados por una enfermedad que tiempo después se supo que fue una epidemia de viruela.

Nicanor Calazacón cuenta que se trata de un mural que abarca todos los elementos de sus costumbres.

La autoría de la pintura es de dos jóvenes extranjeros que hace dos semanas atrás le propusieron a Calazacón que dejara esa obra de arte como un recuerdo de su estadía en Chigüilpe.

Ellos se inspiraron precisamente en el cuento de la enfermedad que en épocas pasadas acabó con una parte de la existencia de los nativos.

A medida que Calazacón les narraba esos episodios, los chicos iban plasmando cada una de esas ideas. Pero los extranjeros también promueven la práctica de la pintura como obra de arte en cortos talleres que dictan en las comunas.

La argentina Rosario Moledú dice que en principio les enseñan a crear letras y a combinar colores. Siempre trata de que ellos respeten las combinaciones de colores que tienen las faldas de los nativos.

Aunque ella sugiere que en casi todas las pinturas deben destacar el verde, blanco y celeste, como para quien, por ejemplo, desea retratar una selva tsáchila.

Guillermo Masson, otro argentino, les pide que empiecen a destacar el rojo del achiote que los hombres tsáchilas se untan en el cabello. Para este joven oriundo de Mar del Plata, la meta siguiente es promover la pintura en niños.

Enseñanzas
Turistas extranjeros motivaron a los nativos a realizar pinturas, murales...

Réplicas
En las siete comunas se crearon murales que retratan las leyendas.

Pioneros
En la comuna Chigüilpe se iniciaron los primeros ejemplos de pinturas.

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