30 de enero de 2016 11:55

Un truco de magia en un funeral y otras historias de dos magos de Quito

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Diego Puente

Este domingo 31 de enero se conmemora el Día del Mago. Dos ilusionistas profesionales de Ecuador conversaron con diario EL COMERCIO y contaron sus anécdotas.

La mañana del viernes 29 de enero se reunieron Luis Chávez, mejor conocido como el Mago Alberto, y Bernardo Ruales, quien tiene el nombre artístico de Gizzú. Cada uno tiene un estilo distinto.

Desde la forma de vestir se observan diferencias. Luis tenía una camiseta negra con franjas azules y Bernardo lució tonos blancos

Alberto es un mago para público infantil. Su chispa le hace sacar una frase jocosa de cualquier situación. Recuerda que hizo trucos de magia en un funeral. Esto, porque al difunto le encantaba ver las presentaciones que realizaba.

Señala que uno de los familiares del fallecido le pidió, en pleno funeral, que haga un acto especial. “La muerte no tiene por qué estar relacionada a la tristeza”, señaló.

Luis Chávez tiene 33 años “la edad del señor”, bromea. A los 10 empezó su afición por la magia. Aprendió de un amigo de la familia ciertos trucos con cargas y cerillos que los replicó en la escuela.

Con el pasar de los años perfeccionó el arte. Realizó un taller en el Laboratorio Teatral Malayerba y el resto fue una formación empírica.

Cuando no está en teatros o fiestas infantiles, se dedica a la producción de eventos y también es actor. Comenta que los más difícil de haberse convertido en mago fue romper esa ilusión que él tenía sobre los propios trucos.

Uno de los personajes que tiene como referencia es el mago español Juan Tamariz, que rompe el esquema de los magos que tienen terno y sombrero de copa de donde salen conejos.

“El mezcla el clown con la magia y lo hace ver más divertido”.
Aunque suene contradictorio, uno de los personajes más recordados en el mundo mágico es San Juan Bosco. Incluso, el Día del Mago se celebra el 31 de enero en conmemoración a la fecha de muerte del religioso.

En diversos portales de Internet se señala que Don Bosco usó algunos trucos para captar la atención de las personas (sobre todo de los niños) y evangelizar. Bernardo Ruales dijo que el personaje católico tenía un truco que le caracterizaba: la jarra con agua.

Ruales también tiene la chispa del chiste a flor de piel, pero es más calmado que Chávez. El estilo de magia que realiza es bizarro y dirigido más a un público adulto. “Hago chistes de doble sentido, a veces de temas sexuales”, sostuvo.

El empezó a cultivar este arte escénico a los 18 años cuando realizó un curso en la Universidad San Francisco. Ahora que tiene 26 ya ha perfeccionado las técnicas.

El nombre de Gizzu lo escogió de la mitología sumeria. Es una derivación del dios de la Guerra y el Arte. Uno de los trucos que realizó y que llamó la atención del público que se arremolinó en la Plaza Grande para ver, fue el de una aguja que se la metió a la boca y segundos después apareció en su ojo.

Los dos magos coinciden en que se puede vivir con tranquilidad con los ingresos que obtienen por las presentaciones en casas particulares, oficinas y en los teatros. “Tú no te pones el precio, el precio lo pone el público que a privilegia la calidad a la cantidad”, señalaron.

En el teatro realizan obras de magia. En este formato, se rigen bajo un guión, aunque siempre está sujeto a cambios e improvisaciones. Los dos magos con estilos distintos se han complementado en tres obras teatrales. Esperan seguirlo haciendo.

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