15 de enero de 2016 00:00

El traspié de la sociedad reflejado en el filme ‘Primera Plana’

El director aboga por un cine sin concesiones temáticas en el que expone una equilibrada arquitectura y un trabajo honesto en el abordaje de un tema complejo. Foto: Archivo

El director Tom McCarthy aboga por un cine sin concesiones temáticas en el que expone una equilibrada arquitectura y un trabajo honesto en el abordaje de un tema complejo. Foto: Archivo

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Fernando Criollo
Redactor (I)
fcriollo@elcomercio.com

Es difícil señalar un solo culpable cuando la responsabilidad le atañe a la sociedad en su conjunto. En ‘Primera Plana’, que ha alcanzado seis nominaciones al Oscar de este año, el director estadounidense Tom McCarthy tampoco parece interesado en señalar con el dedo en una sola dirección.

En su quinto trabajo como director, McCarthy se aboca a revivir uno de los episodios más nefastos de la Iglesia Católica: el sistemático abuso sexual a menores cometido durante décadas por sacerdotes.

Para eso se traslada al Boston del 2002 para darle seguimiento a los periodistas de ‘Spotlight’, un equipo de investigación en el diario Boston Globe.

El director aboga por un cine sin concesiones temáticas en el que expone una equilibrada arquitectura y un trabajo honesto en el abordaje de un tema complejo.

El primer puntal de su trabajo descansa sobre la interpretación del elenco, donde se privilegia la labor de equipo sobre el protagonismo individual de actores como Michael Keaton interpretando a Walter Robinson, jefe del equipo interpretado por Mark Ruffalo, Rachel McAdams y Brian d’Arcy James.

Ellos son los artífices de un meticuloso trabajo que va recomponiendo las piezas de un escalofriante rompecabezas, en el que además se van delineando convincentemente las dinámicas de un periodismo que aún se resistía a ser parte de la carrera por la inmediatez impulsada por el compulsivo, pero superficial consumo de noticias en la Internet.

Pero el largo y complicado trabajo de estos periodistas sirve como contexto para demarcar sin pretensiones ni exhibicionismos innecesarios los errores de un sistema que contó con la complicidad de la justicia, los medios de comunicación, los propios ciudadanos y, por supuesto, la institucionalidad de la fe.

El de McCarthy es un cine arriesgado, muy pulcro en sus formas, correcto en el guión y frontal en el mensaje de fondo que se revela como un vergonzoso pasado y se conserva como un pesado lastre en la memoria colectiva y por ello necesario y apto para mayores de 15 años.

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