24 de junio de 2015 10:42

La transexualidad no es una patología

El Manual de trastornos y problemas de salud mental eliminó la transexualidad de la lista de patologías. Foto: Mladen Antonov/ AFP

El Manual de trastornos y problemas de salud mental eliminó la transexualidad de la lista de patologías. Foto: Mladen Antonov/ AFP

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Desirée Yépez
Redactora (I)

1 de junio del 2015. La foto de Caitlyn Jenner en la portada de la revista Vanity Fair sacudió al mundo. La ahora mujer era conocida mediáticamente como Bruce Jenner, exatleta olímpico y padrastro de Kim Kardashian, una de las divas de la televisión. A sus 65 años, Jenner decidió transformarse en mujer.

¿Qué implica una transformación transexual?
Para Silvia Buendía, activista y vocera de la Red Lgbti Diversidad Ecuador, la difusión de la historia de Bruce Jenner -a cargo del premio Pulitzer Buzz Bissinger- hará que el mundo abra la mente hacia lo que significa la transexualidad.

Édgar Zúñiga, médico y asesor de organizaciones de diversidad sexual, explica que las personas transexuales son aquellas que tienen una incongruencia de género. Es decir, nacieron con una carga genética, biológica, endócrina que asigna un sexo. Pero síquica y socialmente se identifican con el género opuesto.

Al respecto, el abordaje médico evolucionó y el Manual de trastornos y problemas de salud mental eliminó la transexualidad de la lista de patologías. “Es una variante de la sexualidad, no un problema a ser tratado”, señala el experto.

Diane Rodríguez, presidenta de la Asociación Silueta X y activista por los derechos de la comunidad ‘trans’, agrega que la transexualidad implica asumir las características físicas del género con el cual la persona se identifica. Sin embargo, ello no está condicionado a una cirugía de reasignación sexual, operación a través de la cual se modifican los genitales.

“Soy transexual, pero no requiero reasignación, me siento bien con mis genitales biológicos”, apunta Rodríguez. La también estudiante de psicología sostiene que sí hay casos en donde ya no basta con la hormonización o ciertos implantes, sino que la persona “necesita” que sus órganos genitales sean los del otro sexo.

Para desarrollar la transformación el doctor Zúñiga aclara que primero se hace una evaluación, que psicológica o psiquiátricamente identifica la incongruencia de género.

El proceso, según los protocolos médicos, debe acompañarse de apoyo psicológico para evitar problemas secundarios, producto del entorno. De existir rechazo social, pueden generarse episodios de depresión, baja autoestima. El acompañamiento pretende mejorar las relaciones de la persona transexual con su entorno, frente a un proceso que se inicia.

caitlyn Jenner

Cuando esa fase está sostenida, se inicia el tratamiento endocrinológico, posterior a una evaluación médica general. En esta etapa, que Zúñiga la compara con la pubertad, se administran hormonas sexuales. Si la transición será de masculino a femenino se receta estrógeno, si fuera al revés se aplica testosterona.

“Si se siguen los protocolos, la transformación dura cerca de dos años, al igual que la pubertad”, apunta el experto. Si al avanzar en el proceso, la persona desea hacer la transición completa, se consulta con el médico cirujano quien realizará las intervenciones como implantes de seno, lipoescultura y reasignación sexual.

En Ecuador, de acuerdo a lo que señala Zúñiga, existen prácticas aisladas de reasignación. En sus palabras, no existe una respuesta integral desde la salud pública y privada. Esa realidad expone a las personas a tratamientos empíricos, de automedicación.

Diane Rodríguez es enfática al decir que debido a la hormonización siempre hay efectos secundarios. “Me hormonicé desde los 19 años y afectó mi salud”. Ese proceso, sostiene la activista, podría afectar riñones, hígado, pulmones… También indica que la reasignación sexual es una operación de alto riesgo. “Muchos han muerto durante la operación. El post operatorio dura un año”.

La complicación radica, en el caso de la transformación de masculino a femenino, en que con el pene deben hacerse cavidades internas, con el escroto se elaboran labios vaginales. Esa práctica puede poner en peligro la vida del paciente.

Buendía recuerda que con una cirugía de reasignación las personas transexuales pierden la posibilidad de procrear. “Convertir uretra en vagina o hacer del clítoris un pene es complicado. Esa modificación podría afectar tanto la capacidad urinaria como sensitiva de la persona”.

Por ello, el doctor hace hincapié en el respeto a los protocolos de procedimiento, con lo cual el riesgo se minimiza. Pone de ejemplo el caso de Inglaterra, en donde el sistema de salud pública asume un proceso de transformación completo que puede tener un costo de hasta USD 100 000.

En Ecuador todavía no existen programas que se especialicen en ese tipo de atención. “Conozco personas que accedieron a estas cirugías por USD 15 000, USD 20 000, corriendo diversos riesgos”, apunta el médico. Además, si no cuentan con los recursos para asumir una terapia de hormonización, que bordea los USD 30 mensuales, durante mínimo dos años, se someten a procesos altamente nocivos. Ahí es cuando la silicona o aceite de avión se convierten en productos sumamente dañinos.

Buendía aclara que no hay legislación que medie al respecto. "Mientras no sea un delito no pasa nada". El tema puede penarse como una mala práctica médica de darse el caso. Una de las problemáticas radica en que son las mismas personas transexuales quienes se practican esas intervenciones o aceptan y acceden a esa clase de tratamientos, por cuestiones de economía o desinformación.

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