7 de mayo de 2016 00:00

La tradición de lavieja cantería se mantiene en pie

Manuel Sibri aprendió esta actividad hace 43 años y enseñó a sus dos hijos. Él labora en el taller Azur, de lunes a sábado.Foto: Xavier Caivinagua/PARA EL COMERCIO

Manuel Sibri aprendió esta actividad hace 43 años y enseñó a sus dos hijos. Él labora en el taller Azur, de lunes a sábado. Foto: Xavier Caivinagua/PARA EL COMERCIO

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Giovanni Astudillo. 
Editor
(F-Contenido Intercultural)

El sector de Rumihurco, ubicado en la antigua carretera Cuenca-Azogues, es conocido en el Austro por el trabajo de sus picapedreros.

Es una actividad que se inició hace más de un siglo, con artesanos, como Rafael Crespo, quienes se dedicaban a producir adoquines para las calles de ciudades como Cuenca.

En la actualidad quedan cuatro talleres de piedra. Uno de los principales es Azur, que pertenece a Julio Sibri. Allí se elaboran piletas, pilares, adornos, adoquines, baldosas, fachaletas, entre otras.

Manuel Sibri, de 58 años y padre de Julio, se inició en este oficio a los 15 años. Desde entonces, es el principal sustento familiar y de sus dos hijos, que continúan con la tradición.

Manuel Sibri empezó elaborando adoquines y ripio para fundiciones, posteriormente aprendió nuevas técnicas para plasmar figuras geométricas, de plantas... en las piedras.

Para Sibri, el secreto está en la calidad de la piedra andesita, que se consiga en la cantera, que está ubicada a 15 minutos de distancia de su taller. “Hacemos pruebas picando y la identificamos con la experiencia”.

La mina está en la parroquia azogueña de Cojitambo.
Él dice que la piedra no debe ser ni muy rígida ni que se descascare fácilmente. Otro secreto de este trabajo es la fuerza con la que se golpea.

Al principio se usan combos y cinceles para tener un golpe fuerte hasta que la roca quede en las dimensiones que tendrá el objeto que se elaborará. Luego, los golpes deben ser más suaves -con el martillo- para dar la forma. Si los detalles son pequeños se usan desarmadores.

“Cuando la piedra está dura hay que remojarla; se usan amoladoras cuando se hacen cortes rectos en los pilares o bolardos para las calles”, dice este artesano, quien también combina este trabajo con las tareas agrícolas o la construcción, porque la demanda disminuyó en los últimos años.

Una pileta pequeña, que tiene 1,5 metros de altura, cuesta entre USD 320 y 350. Esta creación toma 15 días de trabajo. Dependiendo del tiempo de entrega, las jornadas se extienden entre 8 y 10 horas.

Manuel Sibri dice que por la reducción de los pedidos no contrata operarios. Los modelos se escogen en los diseños de revistas o de acuerdo con los pedidos de los clientes.

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