29 de junio de 2014 20:53

El tormento diario que viven los diabéticos para mantenerse bien

Enrique Pesantes / El Comercio

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 3
Indiferente 3
Sorprendido 2
Contento 0
Elena Paucar. Redactora
epaucar@elcomercio.com 
(I)

Al menos 20  minutos de caminata es una buena forma de mantener la actividad física para las personas con diabetes. Existen grupos de ejercicios y clubes para personas con diabetes, en donde se les ayuda.

No todas las frutas son buenas para las personas diabéticas. Guineos, uvas rosadas, mangos y manzanas rojas son recomendables en pequeñísimas porciones diarias, porque tienen mucha azúcar.

Se recomienda   disminuir los carbohidratos simples, aumentar el agua, ­comer una buena calidad de las proteínas (carnes). Además, se deben incluir más vegetales y frutas en las dietas diarias.

El club Dulce Esperanza dicta charlas semanales y brinda controles médicos mensuales como parte del proceso de curación y tratamiento a las personas que asisten. ­Estos son públicos y gratuitos.

Los días de Carlos Proaño empiezan con 30 ml de insulina. Su esposa, Francisca Chávez, inyecta el medicamento en su vientre, siempre a las 06:30.

Antes, cuando veía, Carlos lo hacía solo. Pero la diabetes que le detectaron hace 20 años lo va limitando. “Me iban a operar y me hicieron exámenes. Tenía 200 mg/dl de azúcar”.

Por el exceso de glucemia, o azúcar en la sangre, su páncreas se afectó. Dejó de producir insulina, la hormona que ayuda a mantener esos niveles entre 70 y 100 mg/dl, lo normal. Ahora, para sobrellevar su vida, requiere dos pinchazos al día.

En el país, la diabetes mellitus tipo 2 tiene una prevalencia de 2,7% en la población de 10 a 59 años, como revela la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut 2013). La incidencia es mayor a los 50 años.

Carlos tiene 61. En casa y fuera de ella, un bastón y gafas oscuras le acompañan. Con ellos llegó la semana pasada al Hospital Luis Vernaza, donde después de un año tuvo una nueva cita con el endocrinólogo.

Mientras aguardaba, recordó que su padre murió con diabetes. “Me descuidé. Cuando trabajaba me iba a los huequitos y comía unas bandejas de arroz”.

El exceso de carbohidratos y el sedentarismo conducen a la diabetes, como indica María Vanegas, jefa de Endocrinología del Vernaza. En Ecuador, según la Ensanut, el 29,2% de la población consume carbohidratos en exceso. El arroz, el azúcar y el pan son los más apetecidos (con 47,3%, 8,3% y 6%).

“Por eso los casos aumentan -explica Vanegas-. Un último estudio de la Asociación Americana de Diabetes revela que cada 19 segundos se diagnos­tica a un diabético”.

En casa de los Proaño Chávez no se habla de azúcar ni edulcorantes. Incluso siguen los consejos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que a inicios de año recomendó a los adultos reducir de 10 a 5% el consumo de azúcar al día (una cucharada).

Aunque Carlos no pierde la costumbre de brindar ‘una colita’ a quienes visitan su casa. En su alacena casi no hay arroz e hicieron de las ensaladas y frutas, distribuidas en cinco raciones diarias, parte de su rutina. “Si algo me provoca, como un poquito. Por eso ya ni me acerco a la cocina”, dice el hombre.

Por la diabetes, el glaucoma le está arrebatando la visión. Y, por un año, luchó para evitar que una úlcera diabética afectara a uno de sus pies.

Su testimonio aún no motiva a su hija mayor a modificar su estilo de vida, pues a sus 41 años también es diabética. Carlos comprendió que debía cambiar para seguir junto a su familia.

Antes de las 18:30 recibe otros 10 ml de insulina. En la mesa, junto a una funda con panes que ignora, aguarda la merienda: pollo y ensalada.

El calvario por un pie

Una balada suena al final del pasillo, en el área de Pie Diabético del Hospital Abel Gilbert. Aquí se experimentan las consecuencias de la falta de cuidados ante la diabetes.

Walter Morán está quieto en la camilla. Es inmune a los cortes que el médico Amel Alfonso hace a su pie ennegrecido. La diabetes obstruyó sus arterias, le causó un infarto cerebral y sigue carcomiendo su pie, aunque él no lo sienta.

“Todos los diabéticos han perdido el don del dolor”, dice el doctor Fernando Monroy, líder del área.

Por esta sala del Hospital Guayaquil pasaron 428 pacientes en los primeros cuatro meses del año. Las curaciones son continuas y la meta es evitar la amputación.“

Los cuidados son esenciales -dice Monroy-. Un paciente puede tener 20 años con diabetes, pero si tiene una correcta alimentación no terminará aquí”.

Una dulce esperanza

Carlos Guzmán tiene 40 de sus 70 años viviendo con diabetes. Pero no hay rastro de la enfermedad en su aspecto, salvo en su sangre. “Quienes la sabemos sobrellevar no moriremos de diabetes”.

Cada viernes, este contador jubilado se equipa con ropa deportiva para empezar su rutina de ejercicios en el gimnasio del Hospital Teodoro Maldonado Carbo, del IESS en Guayaquil. Él es parte de los 400 jubilados que llegan a esta terraza en busca de una dosis de ejercicios y pasos de bailoterapia.

Xavier Párraga, líder de fisioterapeutas, asegura que el 60% tiene problemas de diabetes y son parte del club Dulce Esperanza. A ellos, los aeróbicos y los ejercicios localizados les ayudan a mantenerse activos y a frenar otras patologías.

Guzmán fortalece sus piernas para tener buena circulación.

No olvide
Para quienes tienen pie diabético es preferible el uso de medias. Hay que tener cuidados en el corte de las uñas y evitar heridas, que tal vez no sanarán. El chequeo diario es básico, pues se pierde sensibilidad.

En contexto
Los médicos recomiendan hacerse exámenes de glucosa en la sangre al menos una vez al año. Las perso­nas que tienen familiares dia­béticos son más propensas a padecer de esta enfe­rmedad, por lo que los controles deberían reali­zarse cada seis meses.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (1)
No (0)