11 de agosto de 2017 00:00

Los tocados Valdivia protagonizan una exposición

La arqueóloga Mariella García es la curadora de la exposición temporal del MAAC de Guayaquil. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO.

La arqueóloga Mariella García es la curadora de la exposición temporal del MAAC de Guayaquil. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO.

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Alexander García

Los tocados de la cultura Valdivia (años 3500 y 1800 a.C.), prendas y adornos que llevaban en la cabeza los antiguos pobladores de la península de Santa Elena y del estuario del río Guayas llaman la atención por sus formas, tamaños y tipo de elaboración, representados en pequeñas piezas arqueológica conocidas como figurinas.

Una muestra del Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (MAAC) de Guayaquil aborda los tocados y peinados del repositorio arqueológico del museo, que cuenta con
2 000 figuras Valdivia. La exposición ‘Tocados y ritualidad en la figurina Valdivia’ comprende 97 piezas y 15 fotografías.

En algunos arreglos es patente el diseño de espigas de maíz y otros semejan una piel superpuesta, un signo de chamanismo estático. En el yacimiento de Real Alto de Chanduy, en Santa Elena, se encontraron figurinas donde se aprecia cómo los Valdivia cubrían sus cabezas con piel de jaguar.

La idea era cubrirse con elementos naturales para adquirir la fuerza del animal invocado, a través de la ingesta de alucinógenos, explica Mariella García, coordinadora de investigación de los repositorios arqueológicos del MAAC.

“Vemos cabezas con deformaciones craneanas y que tienen nariz pronunciada, simulan el águila arpía (…) En las valdivias tardías hay tocados superpuestos, como cascos, pero con la nariz grande que representa la transformación chamánica en águila arpía”.

En un yacimiento arqueológico como el de Real Alto, este tipo de piezas fueron usadas como herramientas chamanísticas y ofrendas votivas de índole funerario o cotidiano, ceremonial o doméstico.

Los diversos tipos de figurinas aparecen en entierros, tras haber sido desechadas en el fuego luego de actividades de curanderismo, como ofrendas en la base de los postes de las casas. “También son parte de rituales de iniciación de la pubertad o de embarazos”.

Una de las figuras ampliadas en las fotografías muestra a un humano cargando a un bebé, pero el cuerpo pequeño tiene también senos. “Es proba­blemente un ícono ritual. No es un niño recién nacido el que tiene en brazos, sino un amu­leto de la fertilidad”.

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