20 de April de 2010 00:00

La terapia con perros reconforta al adulto mayor

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Redacción Sociedad

Cuando el perro Konquer ingresó en el patio del Hogar de Ancianos Corazón de María, la alegría invadió a las personas que viven en el sitio. El labrador de seis meses no llegó solo. Fue traído con otros 19 canes del Servicio Canino Especializado (Gresbur). 50 pacientes de la tercera edad esperaban a los perros, para iniciar las jornadas de terapias asistidas. Estas son parte de la nueva batería de tratamientos que tiene la medicina para atender a las personas que padecen de discapacidades físicas, mentales o de problemas sociales.

Las terapias fueron programadas para las 10:00 de este domingo 18, precisamente en el horario de visitas familiares. Al inicio, los animales realizaron acrobacias y ejercicios lúdicos. Según el colombiano Juan Carlos Cantor, psicólogo canino de Gresbur, la presencia de los canes ayuda a levantar el ánimo de las personas mayores. “Las gracias que hacen nuestras mascotas son parte de la terapia visual. Las personas de la tercera edad se divierten y eliminan la tristeza que sienten por la soledad”, refirió Cantor. La riobambeña Dolores Díaz, de 67 años, no ocultó su alegría al ver a Konquer. “Qué es de vos hijito”, le dijo mientras él trataba de lamer la cara de la mujer y movía sus patas. Una ración de pan fue el premio que recibió el animal de pelaje suave por demostrar su cariño y dejarse acariciar por cerca de un minuto. Cantor explicó, además, que la terapia del contacto sirve como tratamiento para canalizar las energías. Mientras los ancianos tocan a los perros, dice, aplacan el estrés y disminuyen su ritmo cardíaco, la presión arterial baja y se producen más hormonas de endorfina (la llamada ‘hormona de la alegría’, que produce tranquilidad y relaja a las personas). Algunos residentes del Hogar de Ancianos recordaron a las mascotas que tuvieron en sus hogares. Una de ellas fue la ambateña Ana de Silva (76), quien se mostró encantada por la presencia de los perros. Mientras palpaba el pelaje de Rufina, una yorkshire terrier de apenas 20 cm de alzada su memoria le trajo los recuerdos de sus animalitos. “Mis perros se llamaban Bobby y Muñequita y eran hermosos. ¿Qué será de ellos?”, se preguntó la mujer con nostalgia. Una vez terminada la terapia, en las afueras del patio del albergue. Cantor reunió a los perros y sus propietarios para hacer rutinas de ejercicios. Los animales absorben la energía negativa y esta debe ser eliminada a través de juegos, explicó. La próxima visita al Corazón de María será en un mes.

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