5 de November de 2013 21:27

7 reglas para dejar la manía por el teléfono

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En la mesa, en los baños, en la cama, mientras maneja, camina… uf! Es una realidad, los teléfonos inteligentes invadieron la privacidad y la vida de las personas.

No hay momento en el día en que no lo mire. ¿Cuántas veces serán? O mejor dicho, ¿en qué instante se aparta completamente de él?
No en vano, YouTube está poblándose de videos sobre las cosas que uno se pierde de tanto estar ciberconectados y cuestionando si es mejor registrar la vida en vez de vivirla. Parece que el péndulo se empieza a mover en sentido contrario.

“Es un desafío. Pero tenemos que tratar de hacerlo. Hay estudios que están demostrando los daños biológicos y psicológicos que causan su uso excesivo”, afirma Adriana Palacios, psicóloga social de la Universidad del Desarrollo.

Agrega que su interferencia causa problemas en los espacios donde los vínculos afectivos son más importantes que el estar conectado, y más aún en lugares de estudio, salas de clases, trabajo y familia.

“Es que vivimos en una sociedad de la información que nos ha generado nuevos miedos, como el terror a estar desconectados y no manejar toda las noticias que circulan en las redes sociales o los chat con los amigos”, explica.

Y habla de noticias refiriéndose también a las novedades que comentan los amigos en las redes sociales, sobre todo cuando la mayoría de las personas ha reemplazado los encuentros interpersonales, cara a cara, por relaciones virtuales ligadas a los chat y las redes sociales.

“Este fenómeno se explica porque todos los seres humanos necesitamos estar comunicados y contar con redes sociales de apoyo para poder vivir en forma saludable, ya que éstas nos entregan apoyo, afecto, cuidado, cariño y respeto. Pero ahora estamos viviendo en la ilusión que las redes sociales digitales nos proveen ese soporte”, asegura la psicóloga social.

De todas maneras, llama a ser precavidos y tomar la decisión de no depender del teléfono ni nada virtual, porque todo indica que hacen daño, partiendo por el hecho que ningún cerebro puede procesar toda la información que recibimos.

“Es particularmente delicado en los niños, que desde el útero están recibiendo la radiación del teléfono de su madre. Por eso no hay que pasarles teléfonos ni menos que tengan uno antes de los 8 años”, alerta.

En ese sentido, la también docente universitaria Adriana Palacios menciona que la OMS está elaborando recomendaciones para que su uso sea restrictivo.

“Hay estudios que no son tan públicos pero que demuestran que desde el 2001, se han incrementados los cánceres a las glándulas cercanas a las mejillas, como la parótida y la salival, donde se piensa que hay una relación directa con el celular que se pone en ese lugar para hablar”.

Además, menciona otras investigaciones que plantean la correlación del cáncer de la pelvis al uso de los celulares en la cadera.

Las 7 reglas

Para quitarse la manía o la adicción Adriana Palacios propone consensuar en la familia, con los amigos y los compañeros de trabajos algunas restricciones.

Por ejemplo, no usarlo en la hora de almuerzo, prohibirlo en la casa cuando se va al baño, evitar ponerlo debajo de la almohada cuando se usa como despertador….

Y darse el tiempo, para estar 100% presente en cada situación en que se comparte con los demás, pero también darse el espacio para escuchar música, leer, ver una película, la TV y enfocarse en vivir el presente sin la tensión permanente de revisar el celular.

Para ayudar en este tránsito, hacia una vida saludable, la experta entrega las 7 reglas pensadas en hacer un uso más inteligente y menos autodestructivo de esta tecnología.

  • 1.- Converse ahora, mande mensajes después: Si está compartiendo un momento agradable, está conversando, o simplemente descansando, tenga un límite al impulso por querer trabajar o comunicarte con otros que están lejos.
  • 2.- Día libre y sin teléfono: ¿Suena muy terrible? La idea es disfrutar como en antaño. Olvídarse de las redes sociales y el whatsapp. Si no puede, pruebe primero con usarlo como si fuera un “stupid phone” y sólo habla.
  • 3. Evita ser un “encuentra todo”: Adiós a los buscadores, mapas, aplicaciones y lo que se le ocurra que pueda servir el internet. Dele la bienvenida a lo inesperado y planifíque. Deje la intensidad de querer saberlo todo al instante. Nada sucede si no maneja esa información. Ocupe ese tiempo para leer y aprender de otra manera.
  • 4. Abajo los codos y los celulares de la mesa: No hay nada más patético que ver a una familia completa chateando por sus teléfonos mientras se comparte un almuerzo. Igual de mal se ven cuando los chicos y los amigos hacen lo mismo frente a una audiencia que está ahí para verle y saber de usted. Ni hablar en una primera cita. Tal vez esta descortesía debiera ser totalmente descartada. ¿Tal vez una ley que los prohíba?
  • 5. Parar de mirarlo: Suena absurdo, pero con tanta interacción que  tiene con el aparato a través de las notificaciones los ojos se van solos para saber qué está pasando. Pero calma, modifique en los ajustes esos avisos. ¡Darse un respiro es la clave!
  • 6. Pruebe qué pasa al dejar de ser tan activo: ¿Sabe cuánto de su tiempo le dedica a Instagram, Facebook o Twitter? ¿Qué pasaría si desaparece un rato? Tal vez se de cuenta que no se perdió de nada y su vida anda a otro ritmo. Sin tanto estrés.
  • 7. Deja dormir al teléfono. Apágarlo: Si usted duerme todas las noches, ¿acaso su teléfono no necesita también descansar? “Las pantallas de los dispositivos electrónicos emiten luz azul, que su cerebro asocia con la luz del día. La exposición hace estragos con el reloj de su cuerpo, mientras que la estimulación –sólo un tuit, email o mensaje de texto que llega, hace lo mismo con su ya sobrecargada capacidad de atención”, revelaron en la BBC Mundo.
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