11 de July de 2010 00:00

Para proteger una idea hay que caminar un largo trecho

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Redacción Tecnología

En el Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual (IEPI) hay solo nueve especialistas para tramitar más de 650 solicitudes de patentes presentadas cada año.Para Marta Carvajal, directora de patentes de esta entidad, hay una deficiencia de personal.

“En Colombia tienen un promedio de 2 000 solicitudes en trámite cada año y tienen cerca de 70 examinadores de patentes”.

Los examinadores ponen a prueba la patentabilidad de la invención en relación a su novedad, grado de invención, entre otros parámetros.

Para ello, indagan en bases de datos internacionales, publicaciones científicas y otros documentos. El trabajo puede durar años. El desarrollo de Marcelo Lozada, de 60 años, se sometió a este escrutinio.

Nunca dejó que su paciencia se agotara cuando cumplía con los trámites para obtener la patente de su invención.

El primer paso que cumplió fue presentar en el IEPI un resumen científico tecnológico para explicar la innovación.

Lozada, ingeniero químico, y su equipo del Departamento de Metalurgia Extractiva de la Politécnica Nacional obtuvieron la patente por un método de fusión que permite recuperar el aluminio cuando está mezclado con otros metales.

El investigador contó con el apoyo de la Politécnica Nacional; otros tienen que destinar dinero de su bolsillo para materializar su idea y luego patentarla.

Galo Jácome invirtió su dinero en el desarrollo de la Burbuja Video 2000, creada para los taxis.

Este rótulo fue creado para ir encima del vehículo y tiene los colores rojo, amarillo y verde, igual que un semáforo.

Cuando el color rojo está encendido, significa que el vehículo está ocupado.

El amarillo se activa cuando el conductor de la unidad atraviesa una situación de emergencia, por ejemplo, si es víctima de un asalto. El verde equivale a taxi sin pasajeros. Jácome obtuvo la patente por esta innovación en julio de 1997.

Este tecnólogo eléctrico explica que tardó dos años en materializar su idea.

“ Tuve la idea de crear un rótulo para los taxis, que cumpla las mismas funciones que el semáforo y logré patentar la invención en el IEPI, porque no había un desarrollo igual ni parecido”.

Este investigador asegura que desde que obtuvo la patente, su rótulo de colores fue plagiado.

Ahora, hay muchos taxis con esta burbuja que cambia de color. “A mí me plagió el Municipio de Quito”. Desde que inventó este rótulo, Jácome no ha obtenido ningún rédito económico.

Hace 11 años, invirtió más de 1 millón de sucres en este desarrollo que, según Jácome, solo le ha generado desilusión.

Este tecnólogo eléctrico comenta que perdió el juicio por plagio. Fue entonces cuando decidió emigrar a España en busca de nuevas oportunidades.

Jácome regresó al país y desea embarcarse en el diseño de una nueva invención, pero se pregunta: ¿para qué, si no hay apoyo y, peor aún, protección para lo que uno desarrolla?

Xavier Andrango, un joven investigador de la Politécnica Nacional, coincide en que no hay apoyo para poner en marcha nuevas ideas. Él y otros compañeros de la Politécnica Nacional crearon la herramienta Sicología móvil que, a través del teléfono celular, brinda asistencia a personas que sufren trastornos de ansiedad.

“Queríamos patentarlo, pero el trámite es largo y costoso. Nosotros estamos empezando”.

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