20 de February de 2014 17:20

Las historias detrás de los fundadores de WhatsApp

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Antes de la multimillonaria adquisición de Facebook , WhatsApp ya tenía su lugar reservado en el podio de los servicios de mensajería móvil más utilizados en todo el mundo. Sin embargo, poco se sabía de sus reservados cofundadores, Brian Acton y Jan Koum, que cruzaron sus destinos siendo exempleados de Yahoo! hasta 2007, para luego lanzar su propia compañía dos años más tarde.

Recién a comienzos de 2013, Koum empezó a liderar la exposición pública que estaba teniendo WhatsApp ante el crecimiento explosivo de la plataforma. "Somos tan grandes como Twitter ", dijo el ejecutivo durante la conferencia All Things Digital, al anunciar que contaba con más de 200 millones de usuarios. Un año más tarde, el servicio de mensajería móvil desarrollado por un equipo de menos de 50 personas ya contabilizaba unos 450 millones de usuarios, a un ritmo de un millón al día, hasta que lo adquirió Facebook por USD 9 000 millones.

Con 37 años, Koum es un inmigrante que llegó a Estados Unidos a los 16 años junto a su madre, debido a los problemas económicos y políticos de la exrepública soviética. Luego de terminar sus estudios, ingresó a la Universidad de San José y trabajó para la consultora Ernest & Young como tester de seguridad informática. Allí lo conoció a Brian Acton en 1997, el empleado número 44 de Yahoo!, que lo contrató como ingeniero de infraestructura.

A las dos semanas de haber ingresado a Yahoo!, uno de los servidores de la compañía falló, y el mismo cofundador David Filo lo llamó en medio de una clase para que fuera a resolver el incidente. En ese momento decidió abandonar la universidad. "Igual ya estaba cansado de ese ambiente", dijo Koum, en un detallado perfil publicado por Forbes.

Tras varios años de trabajar juntos, Koum abandonó Yahoo! junto a su mentor Brian Acton y se tomaron un período sabático paras recuperar energías, que se prolongó hasta 2009. En aquel entonces, con la experiencia acumulada en Yahoo!, Acton intentó postularse en dos de las compañías más prometedoras de Silicon Valley.

"Me rechazaron en Twitter. No hay problema, igual quedaba lejos de mi casa", tuiteó Acton desde su cuenta personal. Meses más tarde, intentó postularse junto a Koum en una convocatoria de la compañía liderada por Mark Zuckerberg, pero no quedaron en la selección. "Era una gran posibilidad para estar conectado con un equipo fantástico. Hay que mirar para adelante", volvió a publicar en su perfil de Twitter.

Como parte del equipo de los rechazados de Facebook, como solía decir Acton, la dupla comenzó a desarrollar una aplicación de mensajería para el iPhone, en momentos en que la tienda de Apple comenzaba a ser un terreno fértil para una creciente comunidad de desarrolladores.

A diferencia del BlackBerry Messenger, uno de los líderes del segmento, WhatsApp basaba su servicio bajo una modalidad muy simple: la libreta de contactos telefónicos. El servicio rápidamente se extendió de boca en boca, con un equipo técnico que carecía de un responsable de relaciones públicas, pero que creció al calor de los buenos comentarios de los usuarios, que motivaron a sus creadores a lanzar las versiones para múltiples plataformas: BlackBerry OS, Nokia Symbian y Android.

Con peso propio en el mundo de la mensajería móvil, WhatsApp comenzó a ser señalado como el responsable del retroceso de los mensajes de texto. "No creo en esto. La filosofía del SMS forma la base de nuestro producto, y no creemos que será desplazado. Queremos ofrecer una alternativa que la gente pueda usar para comunicarse de forma eficaz, y que al mismo tiempo pueda ahorrar dinero y tiempo", dijo Koum al ser consultado por LA NACION en 2011.

El resto es historia conocida: cinco años más tarde y con más de 450 millones de usuarios en WhatsApp, el club de los rechazados finalmente entró por la puerta grande de Facebook, que adquirió la compañía por USD 19 000 millones después de un cortejo que duró casi dos años, y que incluyó un encuentro inicial de Zuckerberg y Koum en una panadería, una amistad cimentada (según cuenta Bloomberg) en cenas y caminatas por la montaña con sus familias, y una venta que se selló de palabra el día de San Valentín.

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