9 de March de 2014 00:01

La ciencia busca más beneficios de los microorganismos corporales

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Desde la superficie agreste de la piel hasta lo más recóndito del intestino, el cuerpo humano es el hábitat de miles de millones de microscópicos huéspedes, como las bacterias.

Pero no hay por qué alarmarse. María Torres, microbióloga y líder de Laboratorio del Hospital Abel Gilbert Pontón, en Guayaquil, dice que gran parte de estos microorganismos son benéficos y conviven en armonía con las células humanas.

Acompañan a la persona desde el nacimiento, ayudan a consolidar el sistema inmunológico y coadyuvan en importantes funciones como la digestión de alimentos, la producción de vitaminas, hasta la protección ante poblaciones de patógenos. Este complejo ecosistema en miniatura es el microbioma humano, un mapa de microorganismos aún no definido.

Esto cautiva a los investigadores por sus posibles aplicaciones en nuevos tratamientos terapéuticos, a través de biotecnología; o para descifrar el origen de ciertas enfermedades que hasta ahora son un misterio. Solo para tener una idea de su magnitud, se calcula que en la piel y otras áreas colonizadas, como boca, ojos, nariz, estómago, intestino, genitales, hay aproximadamente 100 microorganismos por cada célula humana, como indica un informe del Programa del ­Microbioma Humano.

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  • ¿Por qué se estudia el microbioma?

2001. El microbiólogo Joshua Lederberg -ganador del Nobel de Medicina- hurgó entre los microorganismos y los bautizó como microbioma.

Seis años después, también en EE.UU., surgió el Programa del Microbioma Humano (MHP). La investigación reúne a más de 250 científicos que buscan crear un catálogo completo de virus, bacterias, parásitos, hongos… Con técnicas avanzadas de metagenómica -análisis del material genético de estos microorganismos- esperan descubrir su interacción con las células humanas.

Para el Ecuador, esas técnicas aún son distantes. Pero sí se aplican las tradicionales, de aislamiento y cultivo en laboratorio, en especial con fines diagnósticos. En el área de Microbiología del Hospital Teodoro Maldonado Carbo, Neptalí Vera observa una caja de Petri con una hilera zigzagueante de bacterias. Es una colonia de Escherichia coli, obtenida de una nuestra de orina.

Fue sembrada en sangre de cordero y luego de varias pruebas se detectó que es una colonia patógena que estaría causando una infección.

La máster en Microbiología y coordinadora del Laboratorio, Flor María García, asegura que estas pruebas son esenciales para diferenciar los microorganismos buenos de los malos.

  • Nace el microbioma

El llanto de un recién nacido puede ser uno de los primeros contactos con un mundo de bichos que a larga serán sus aliados. El llanto de un niño se oye en los pasillos de la Maternidad Enrique C. Sotomayor, de la Junta de Beneficencia de Guayaquil. Nació hace pocas horas y durante ese tiempo ya comenzó a experimentar otro nacimiento: el de su microbioma. La patóloga Marjorie Hinostroza, jefa del Laboratorio Clínico de la Maternidad, explica que en el canal vaginal de la madre se da el primer encuentro con el microbioma. Ese primer contacto, la influencia del exterior y la ingesta de alimentos a partir del cuarto mes ayudan a consolidar la gran metrópolis de microorganismos durante el primer año de vida.

"En el parto normal el neonato adquiere una importante cantidad de bacterias: lactobacyllus, Escherichia coli, estreptococos... que aportarán a distintas funciones a lo largo de la vida". Tras ese primer contacto en el parto se colonizan en el organismo. Buscan zonas específicas según las enzimas y proteínas que generen las células humanas y que sirven como receptores para adherirse a esas áreas. Luego crean una simbiosis. Y nos habitan, definitivamente.

  • En busca de pistas…

El microbioma -al igual que las huellas dactilares-, es único en cada ser humano. Averiguar sus características específicas, según países o grupos culturales, es el objetivo de un estudio entre la Universidad de Nueva York (EE.UU.) y la U. de Especialidades Espíritu Santo (UEES), de Samborondón.

La ginecóloga Jenny Santos, docente de la UEES, es una de las investigadoras. Explica que desde Ecuador se recolectarán muestras de embarazadas y neonatos -en una maternidad y un pediátrico de Guayaquil, antes de la aprobación de un comité de ética-, para luego enviarlas a Estados Unidos, donde analizarán su ADN.

El ensayo también permitirá evaluar la diferencia entre el microbioma de los bebés que nacen por parto normal del microbioma de quienes nacen por cesárea. "Posiblemente, la falta de esas bacterias benéficas en el momento del nacimiento, por el canal vaginal, nos vuelva proclives a manejar menos eficientemente nuestro sistema inmunológico", dice la ginecóloga Santos.

Desde EE.UU., la doctora María Domínguez-Bello coordina la investigación. Ella ya ha ­participado en otros estudios. El más reciente es un análisis del microbioma en tribus africanas y de Sudamérica.

Punto de vista
Leonel Calvopiña. Doctor del Laboratorio de Microbiología del Hospital Militar
'Las bacterias buenas mutan'

El cuerpo humano tiene microorganismos buenos y malos. Pero cuando existe alguna causa que afecte a la inmunidad en las personas, hace que este microorganismo se multiplique, crezca y se transforme en patógeno. Esto significa que se convierta en dañino. Como por ejemplo, a nivel intestinal existen bacterias que nos ayudan a mantener la flora intestinal, pero cuando existe un proceso infeccioso, estas mismas bacterias que son consideradas como flora intestinal normal se convierten en un peligro para la salud de los pacientes. Uno de los problemas es que las personas usan de forma indiscriminada lo s antibióticos. Estos medicamentos matan todos los microorganismos y dejan al cuerpo susceptible de adquirir microorganismos más fuertes y son más difíciles de tratar.

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