Un chip en la piel de los animales identifica sus datos y los del dueño

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Jeeyla Benítez.  Redactora  jbenitez@elcomercio.com

Esperó el mínimo descuido y salió de la casa, ubicada la Kennedy, en el norte de Quito. Luna es una perra schnauzer de 4 años. Pasó una noche fuera de casa. Un vecino del barrio la encontró y la llevó al veterinario.

Allí, después de colocarle un lector de chip en la espalda de Luna, el veterinario miró un código de 15 números y a través de la cifra supo a quién pertenecía.

Liseth Aguilar, una asistente financiera, es su dueña. Ella le colocó un chip en el 2011 por si su perra se perdía.

Carolina Céspedes, veterinaria de Protección Animal del Ecuador (PAE), indica que los chips, que son un pequeño circuito computacional pasivo (sin baterías) y del tamaño de un grano de arroz, permiten tener un registro de los animales si estos se pierden (ver info).

Este dispositivo es encapsulado con material biocompatible, lo que evita rechazos del organismo, ya que se lo inyecta en la mitad de los omóplatos y se incrusta en la piel. Así es imposible que se desprenda.

De esta manera, en caso de que el veterinario requiera saber si el animal posee un chip, utiliza un detector que lo pasa por el cuello del animal.

Este localizador es útil 20 años (los perros en promedio viven 15 años) y se coloca a los animales desde los dos meses y medio de nacidos. En PAE se colocan 20 cada mes.

Rubén Granda, veterinario y dueño de la Clínica Argos, ubicada en El Girón, en el centro este de Quito, dice que uno de los problemas que presenta este sistema es que aún no se ha consolidado una base de datos general para que todos los veterinarios accedan a los datos de las mascotas. En este lugar se colocan 50 chip cada mes.

Este veterinario señala que este sistema es un requisito que requieren los dueños de los animales para llevarlos al exterior. Por ejemplo para entrar y salir de Europa.

Carmen Sánchez, una comunicadora social que regresó de España en el 2011, trajo consigo a Maga, una gata rusa azul. Para pasar migración, uno de los requisitos fue que el animal tuviera el chip con sus datos.

Los costos de estos sistemas están entre USD 15 y 50, según el sitio en que se lo aplique.

Aguilar perdió a su Luna al recibir a una pariente que llegó de Ambato. Después de tres horas se percató de la pérdida.

Al siguiente día, un veterinario la devolvió. La Ordenanza 048 del 14 de abril del 2011 contempla, entre otras cosas, la identificación de animales en el Distrito. Según cifras del Cabildo, en el 2012 en Quito transitaban 190 000 perros callejeros y 210 000 tenían dueños.

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