11 de November de 2014 20:15

La tecnología ha dado paso a una sociedad hipervigilada

Ayer (11 de noviembre) se mostró en el Swissôtel una serie de productos para mejorar la seguridad de la información que circula en Internet. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Ayer (11 de noviembre) se mostró en el Swissôtel una serie de productos para mejorar la seguridad de la información que circula en Internet. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Baby monitor 3G, Presence, TinyCam Monitor, yMEye. Todas son aplicaciones para smartphone que sirven para vigilar de forma remota uno o varios sitios al mismo tiempo.

Junto a otras tecnologías como cámaras de seguridad y dispositivos de geoubicación, ganan terreno porque responden a un impulso cada vez más fuerte de la sociedad. El sentirse segura frente a los peligros, a través de la vigilancia.
Iván Boada, director Corporativo Networking & CCTV Enlace Digital, reconoce que ahora hay una suerte de obsesión por tener todo monitoreado. La casa, la oficina, la habitación del bebé para saber cómo está, dónde están los hijos, qué están haciendo las mascotas...

El desarrollo de la tecnología ha influido porque cada vez brinda más opciones para hacerlo. Desde la década pasada se dio un cambio tecnológico fundamental. Se pasó de lo análogo a lo digital, lo que implicó en la práctica mayor resolución (nitidez en las imágenes).

Las cámaras, por ejemplo, antes permitían principalmente disuadir, porque los videos daban cuenta de un asalto pero no permitían reconocer a los responsables. Ahora sí, porque da información detallada.


A esto se suma la posibilidad de configurar cámaras de vigilancia profesionales con la cámara del celular y de la computadora. Todo en un solo sistema. Algunos incluso notifican al ‘smartphone’ cuando se detecta un movimiento extraño donde están los dispositivos instalados.

Networking & CCTV Enlace Digital incluso acaba de lanzar al mercado una cámara que da una visión de 360°.

Daniel Molina, de la firma de seguridad informática Kaspersky Lab, cree que esta sensación de inseguridad que se vive se justifica tanto en el mundo real como en el virtual, por las amenazas que se han constatado. Cita el caso de Wikileaks, y las filtraciones de Edward Snowden, que dieron cuenta de planes de vigilancia masiva en el mundo.

Ayer (11 de noviembre), él fue parte de la conferencia anual de GMS en Quito y resaltó la importancia de que los Estados se preocupen de la seguridad en sus áreas estratégicas; transporte, sistema eléctrico, agua, entre otros, frente a ataques cibernéticos.

En las calles, la respuesta pública a la vigilancia para sentirse seguros se ha expresado en la colocación de dispositivos (cámaras principalmente) en postes, vehículos y otros espacios públicos.
Pero pueden ser, al igual que los otros instrumentos, un arma de doble filo, como lo señala Víctor Obando, consejero tecnológico internacional. Él también participó ayer en el evento de GMS como parte de Alien Vault.

Así como puede evitar que los niños sean secuestrados al tener un dispositivo GPS que informa cuando se alejan demasiado de sus padres -agrega-también puede ser un instrumento para controlar, ­vigilar o vulnerar la privacidad. Tanto en lo individual, como en lo colectivo.

El teórico Michel Foucault hizo los primeros apuntes en torno a este sistema de vigilancia aplicado a la sociedad en su libro ‘Vigilar y castigar’ (1975).

Ahí la compara con una cárcel que tiene una estructura especial (panóptica) que permite observar todo el tiempo al prisionero sin que él sepa quién lo mira. Lo plantea como un sistema de poder para precisamente lograr el control social.

El fin de la privacidad

Víctor Obando asegura que ahora ya no es necesario que un ente de poder haga un espionaje exhaustivo para conocer información de otro. Tampoco colocar dispositivos para mantenerlo vigilado.

La información está disponible en la Nube, las redes sociales, los correos electrónicos y demás sistemas de almacenamiento. La publica de forma voluntaria la misma gente y empresas con mayor o menor seguridad.

Molina dice que por eso es importante que las personas sean conscientes de que todo lo que se sube a la Web es público.
“Hasta las fotos de ‘snapchat’ que se suponen que eran instantáneas ahora se ha descubierto que se mantienen en el servidor. No hay control. Lo publicaste, debes ser responsable de lo que enviaste”.

Cuando se conoció de la filtración de fotos de famosos de Hollywood, agrega, la mayoría se escandalizó porque se vulneró la Nube. Pero en realidad “no tenían por qué estar ahí. Esas fotos ni siquiera debían hacerse o almacenarse”.

Es un error pensar que algo le pertenece al usuario. Lo que se hace es alquilar un servidor, un espacio, pero lo que entra a la Nube le pertenece a la Nube.

De ahí que para Obando es importante tener regulaciones en varios niveles, para evitar que se vulnere la privacidad, sin dejar tampoco la seguridad social descuidada.

Por un lado, dice que se deben poner límites en lo cotidiano. Por ejemplo en el hogar, para que el padre sepa que no puede leer los mensajes que su hijo envía a sus amigos o novia.

Pero a escala gubernamental también se deben promover normativas que protejan la información de las personas.

En Brasil, por ejemplo, se aprobó la denominada ley Marco Civil de Internet o Constitución de Internet. Es un hito porque establece regulaciones concretas para los proveedores de Internet en relación con el servicio, pero también al contenido que pueden o no acceder y la prohibición de vender la información a empresas.

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