31 de octubre de 2016 15:47

La tecnología ayuda a realizar la cosecha de lluvia en Imbabura

La vivienda de Olga  Carlosama utiliza técnicas para cosechar la lluvia para los huertos.

La vivienda de Olga Carlosama utiliza técnicas para cosechar la lluvia para los huertos. Foto: Cortesía Senescyt

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Redacción Tendencias
(F - Contenido intercultural)

La adaptación de una tecnología ancestral ha permitido que Olga Carlosama, parte de la comunidad Kichwa-Caranqui de Imbabura, aproveche al máximo la lluvia.

La ‘cosecha de lluvia’ es una técnica que se ha utilizado desde hace cientos de años en la agricultura. Consiste en el almacenamiento de agua tras las precipitaciones, para su posterior distribución y uso.

“Así lo hacían nuestros abuelos y nosotros ahora renovamos en la forma de hacerlo porque el agua-lluvia es la sangre de nuestra tierra, la purificadora de nuestro mundo andino”, indica Carlosama.

Ella, junto a la comunidad San Clemente, en la parroquia La Esperanza, decidió instalar un mecanismo para cosechar agua-lluvia en el techo y terreno de su vivienda, construidos con adobe, ladrillo y tejas.

Unas canaletas de gran tamaño salen del techo de la casa de Carlosama y se conectan con un tanque de reserva. Allí, cada vez que llueve, el agua es almacenada para un uso a futuro. La capacidad de este repositorio es de aproximadamente 30 000 litros.

Con esta agua se abastece las necesidades de una huerta de
5 000 metros de la comunidad de San Clemente. Allí se siembra y cultivan habas, maíz, frijol, uvillas y otros productos de manera orgánica, sin añadir ningún tipo de químicos a la tierra o al agua.

El mecanismo por el que se ha construido este repositorio, a
1 500 metros de altitud sobre el nivel del mar, permite recrear el ciclo vital del agua. De este modo se provoca la creación de nubes a través de la recolección de agua lluvia y su evaporación.

Diana Cabascango
, ingeniera agrónoma, asegura que este mecanismo permite que el ciclo natural del agua se cumpla y no se interrumpa con agentes exógenos como el plástico con que se cubre los invernaderos o florícolas. “Se trata de una gestión del agua y de la biodiversidad basada en los conocimientos tradicionales que permite responder a las condiciones que nos enfrentamos debido al cambio climático”, dice.

Así, el campo se innova tecnológicamente con una opción para solucionar los problemas de escasez de agua con técnicas ancestrales.

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