5 de diciembre de 2015 00:00

La técnica chachi sobrevive en la isla Vargas Torres

Una característica de la vivienda es la fusión con el entorno. Las viviendas respetan las plantas endémicas.

Una característica de la vivienda es la fusión con el entorno. Las viviendas respetan las plantas endémicas. Foto: Marcel Bonilla

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Marcel Bonilla

Un área que rodea la reserva de manglar, refugio de vida silvestre en Esmeraldas, es donde se desarrolla un proyecto particular de arquitectura con contenido ancestral.

La iniciativa es de Segundo Salazar, un esmeraldeño que cree que se puede vivir en medio de la naturaleza reduciendo el impacto al medioambiente, con el uso de materiales del medio para las construcciones.

Allí se manifiesta el conocimiento constructivo del pueblo Chachi al utilizar la caña guadúa, madera, hojas de rampira y pambil en el piso.

Esa nacionalidad sostiene su técnica constructiva ancestral en algunos espacios de la isla Luis Vargas Torres, situada al este de la capital esmeraldeña.
 
Ahora mismo se levantan tres viviendas de 4 x 6 metros. Se trabaja tomando en cuenta cada detalle que usan los chachis para erigir sus moradas en comunidades del norte de Esmeraldas.

Las viviendas tienen pilares de un metro y medio de alto, como suelen hacerlas en sus poblaciones. La única variación es la utilización de bases de hormigón para mayor durabilidad, por ser la zona de suelo húmedo. Sin embargo, los pilares de madera que sostienen la estructura de la vivienda se levantan sobre esas bases.

Toda la estructura es de guadúa y bambú. Las paredes son revestidas con pedazos de caña cortados a la medida (latillas). Se sostienen con pernos para su aseguramiento.

En los diseños hay una fusión entre lo ancestral y lo minimal, y se priorizan los ventanales para disfrutar la ventilación de la zona, que está cerca al estuario del río Esmeraldas.

Estas construcciones mantienen áreas internas espaciosas y el mobiliario es de madera. Las estanterías son de tablas que van pegadas sobre los vértices de las paredes.

Los adornos, como floreros, también han sido elaborados con bambú, para dar un ambiente más natural a las casas, que están a cinco minutos de la ciudad de Esmeraldas.

Las cubiertas están elaboradas de rampira (hojas de la tagua) y sostenidas por vigas de pambil u otra madera. Esta cubierta permite un ambiente interior más fresco y ventilado.

Wilson Quiñónez es el constructor chachi de estos inmuebles.El ingeniero forestal y ambientalista, Frederick Cervantes, explica que estas construcciones son amigables con el entorno, porque reducen el impacto ambiental en esa zona que está junto a la reserva.

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