6 de junio de 2014 18:47

Alfileres de colores inundan el Teatro Sucre

Miguel Poveda homenajeó con su música a Federico García Lorca en el Teatro Sucre

Miguel Poveda homenajeó con su música a Federico García Lorca en el Teatro Sucre Foto: Cortesía  María Cristina Moreno, Fundación Teatro Sucre. 

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Julia Escudero/ EL COMERCIO
Quito

El concierto empezó con una versión aflamencada de ‘Para la Libertad’ y desde entonces Miguel Poveda no dejó de emocionar a un público ávido de flamenco, que casi copó el Teatro Sucre la noche del jueves 5 de junio.

Con tres músicos, el cantaor catalán demostró en Quito por qué ha sido llamado el hijo adoptado de Sevilla.

El flamenco al cante, al toque o al baile es intenso, y más aún cuando, desde muy adentro, sale una voz ácida que se dibuja en las manos y en las expresiones de la cara, mientras la guitarra acompaña lentamente al sentimiento. Amante de la poesía, en la primera parte, Poveda homenajeó con su música a Federico García Lorca (que nació el 5 de junio de 1898), a Miguel Hernández y a Ángel González. Tras una serie de poemas, dejó el escenario y se apagaron las luces.

El flamenco empezó con una guitarra que sonaba a oscuras, afinando hasta encontrar su punto. El rasgueo grave se coló en el ambiente, inundando el aire con su compás. Sutilmente, casi imperceptibles, los platillos abrieron paso al cajón, que ayudó a concretar ese compás. Apareció nuevamente en el escenario Miguel Poveda, con unas bulerías de Cádiz, entre las que se escuchó “A visitarte he venío mi gente del Panecillo”. Después coqueteó con el público por tangos; además del cante, se lo vio bailar. Otras bulerías, una seguirilla, y unas malagueñas fueron parte del repertorio flamenco.

Luego, como en un coliseo vacío, a capella, su voz sonó pura y única en el silencio del teatro. Así llegó el dramatismo de las coplas. Junto al piano y al cajón, dedicó una canción a la bailaora barcelonesa, Carmen Amaya. Bajó del escenario y caminó en el callejón de plateas. Los asistentes le miraban respetuosos y emocionados cuando sin micrófono, entonó su voz, que retumbó en el Teatro. La gente se desvivió en aplausos.

Los solos de música que tocaron los artistas que acompañaron a Poveda demostraron su larga trayectoria flamenca. Joan Albert Amargós, el pianista, es un compositor que ha trabajado con Paco de Lucía, Camarón, Tomatito y Joan Manuel Serrat. Juan Gómez, Chicuelo, en la guitarra, tiene un recorrido con Enrique Morente, Mayte Martín y Joaquín Cortés; además del Goya que se llevó por la canción 'No te puedo encontrar' de la película española Blancanieves. Junto a ellos Poveda recordó a Camarón, una leyenda del tiempo.

El concierto terminaba en medio de un "viva la libertad, vivan ustedes", con el auditorio ovacionando a las coplas que tanto gustan a Poveda. Luego de largos aplausos, el público no gritó la tradicional ‘otra, otra, otra’ sino que pidió por Alfileres de Colores y Miguel, resignado, aceptó cantarla. Para finalizar, entregó “dos pinceladas más”, la una, una versión propia de la canción Fuerza Extraña de Caetano Veloso, y la segunda, un poema de Lope de Vega que nunca había sido escuchada por el público... pero "como estamos en familia", los quiteños tuvieron el privilegio de oír "Desmayarse, atreverse, estar furioso", en versión Poveda.

La vida es amiga del arte y Miguel Poveda lo sabe. Lo sabe también la gente de Quito, los amantes del flamenco, que disfrutan de las noches intensas junto a una gran voz, la guitarra, un piano y un cajón.

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