13 de diciembre de 2016 00:00

Con el gesto, Cotacachi hace nuevo teatro

Un grupo de jóvenes kichwas de ese cantón de Imbabura utiliza el arte para denunciar los problemas sociales rurales

Un grupo de jóvenes kichwas de ese cantón de Imbabura utiliza el arte para denunciar los problemas sociales rurales. Foto: José Luis Rosales / EL COMERCIO

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José Luis Rosales
Redactor
(F - Contenido Intercultural)

Del idilio entre la Pachamama (Madre Tierra, en español) y un monte tutelar, al que le llaman Taita (Padre), nacen tres retoños. Así empieza la obra teatral que está cambiando la escena en Imbabura y que narra la vida de tres hermanos músicos, que con artimañas son llevados a trabajar a otro lugar.

La historia creada por los jóvenes del Colectivo de Artes Kichwas Ñapash Purina (Caminando Rápido), de Cotacachi, Imbabura, se puso en escena como una muestra del teatro gestual que experimentan.

Los integrantes de la agrupación, que provienen de varias parcialidades indígenas de Cotacachi, han encontrado en el teatro, títeres y cine la mejor herramienta para mostrar los conflictos sociales locales.

Así han estrenado obras sobre el ‘bullying’, maltrato doméstico, las riñas que ocurren durante la celebración del Inti Raymi (Fiesta del Sol). Su más reciente obra, sobre los músicos, es una denuncia sobre la trata de personas, explica Marta Arotingo, de la agrupación.

En el primer acto, dos muñecos gigantes representan un tórrido romance. La luz tenue y las melodías del Trencito de los Andes generaban expectativa entre los espectadores que llenaron el Teatro Municipal de Cotacachi para ver el estreno de la obra. La pieza teatral, que no contiene diálogos, invita a que cada persona interprete a su modo las escenas, dice Geovanni Revelo. Al final, los tres hermanos recuperan su habilidad musical como un espíritu propio de su ser.

Aunque los actores vienen de un proceso de autoformación de seis años, esta vez contaron con el asesoramiento de Revelo, profesor de teatro.

Ahí seleccionaron a los 25 artistas que saltaron a las tablas. Así Jonathan Pucachaqui, Jesús Bonilla y Wilman de la Cruz encarnaron a los tres diestros músicos. Mientras que, Carlos Guitarra, luciendo un traje de lobo, representaba a un coyotero.
Los muñecos, entre tanto, era manipulados, como si fueran títeres, por Edwin Cabascango, Rolando Fueres, Dayanara Flores y Mayra Ante.

Tras bastidores, otros 11 chicos asistían en tareas como el vestuario de los personajes.  Los trajes empleados fueron elaborados con prendas recicladas, explica Tanya Túqueres, coordinadora del Colectivo Ñapash Purina.

La idea de esta obra, que no tiene nombre, surgió en el proyecto Ally Purina Ñan (Camino Seguro), que ejecutan la Unorcac y la Fundación Tierra de Hombres. Se trata de un proyecto para la prevención y protección de niños y adolescentes contra la migración en riesgo y la trata de personas, explica Verónica Pólit, de la última entidad.

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