9 de agosto de 2016 00:00

Nuevas opciones para el teatro clásico

Escena de ‘Romeo y Julieta’, versión dirigida por Jaime Tamariz, en cartelera en el Teatro Sánchez Aguilar.

Escena de ‘Romeo y Julieta’, versión dirigida por Jaime Tamariz, en cartelera en el Teatro Sánchez Aguilar. Foto: Mario Faustos / EL COMERCIO

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Alexander García
Redactor (I)

El texto alterna el verso y la prosa. El escenario, móvil y circular, es una estructura modular que se despliega y divide para acoger la acción. Los movimientos de un coro, con media docena de personas que mueve el modular, fueron coreografiados por el bailarín español Chevi Muraday, lo mismo que los saludos isabelinos, los combates y las estocadas. Y los actores recibieron incluso entrenamiento en esgrima.

La adaptación de ‘Romeo y Julieta’, que el Teatro Sánchez Aguilar mantendrá en cartelera hasta el 21 de agosto, explota las posibilidades de la contemporaneidad, aunque ajustándose a la esencia de la obra de William Shakespeare, según subraya su director, Jaime Tamariz.

El teatro apuesta, como pocas veces en Guayaquil para una pieza de teatro clásico, por un gran montaje con 16 funciones (cinco semanas en escena) y la participación de más de 40 personas entre actores, extras y miembros de la producción.

“Los clásicos son historias universales que cobran vigencia y que mantienen actualidad, pero que a veces no tenemos la oportunidad de ver en la magnitud que se merecen, por los retos que implica su montaje”, dice Tamariz.

El texto pasó por un proceso de investigación y adaptación de seis meses. La escritora Denisse Nader fue la encargada de sintetizar la pieza original en 90 minutos de duración. Shakespeare no ofrece indicaciones de escena, dice Nader, quien adaptó el lenguaje para que fuera fecundo en la interpretación, además de proponer un ritmo para cada frase. A los actores les puede resultar un tanto extraño expresarse en verso, reconoce el director.

El actor Oswaldo Segura ya dirigió una versión de ‘Romeo y Julieta’ con acento en la comedia, aunque sin caer en la parodia –asegura–, a mediados de 2015 en el Teatro Centro de Arte de Guayaquil. Optó por “alivianar” los textos en una adaptación libre que justificara una fusión de música y danza árabe.

Jorge Sandoval, actor y director de teatro local, graduado en Buenos Aires, ha puesto en escena montajes experimentales del teatro isabelino y del siglo de oro español. El año pasado usó el monólogo de Hamlet como motivo de un taller actoral, en una experiencia que planea repetir próximamente.

El teatro clásico, según gente del medio escénico consultada, en general, se programa poco en el país por los desafíos de montaje que representa en cuanto a puesta en escena, traducción y adaptación.

Los clásicos fueron puestos en escena por compañías itinerantes a inicios del siglo XX, en las últimas décadas hubo un vacío, dice Sandoval. “Y para que vuelvan con fuerza habrá que emplear mecanismos de adaptación. Para mí la obra tiene que adaptarse a nuestro contexto, que el texto estalle y se vuelva presente”, dijo.

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