14 de septiembre de 2015 00:00

El TDAH se supera con un tratamiento adecuado y oportuno durante la niñez

Jennifer Villarreal trabaja con niños con TDAH en el Liceo y en su consultorio privado. Foto: Armando Prado/ El Comercio

Jennifer Villarreal trabaja con niños con TDAH en el Liceo y en su consultorio privado. Foto: Armando Prado/ El Comercio

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Paola Gavilanes

Todos, alguna vez, hemos tenido la oportunidad de conocer a un niño que se levanta de su puesto, que quiere jugar todo el tiempo, que interrumpe las conversaciones, que empuja a sus compañeros y que por más que un adulto le dice que se controle, no puede hacerlo.

No lo hace por que sea “malcriado”, dice Napoleón Vásquez, psicólogo educativo. Si actúa así es porque tal vez padezca del Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Y dice “tal vez”, porque “no se puede rotular a un niño de hiperactivo sin un diagnóstico”.

El Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad es una disfunción de origen neurobiológico, que conlleva una inmadurez en los sistemas que regulan el nivel de movimiento, la impulsividad y la atención. Está comprobado científica y mundialmente.

Jennifer Villarreal, psicóloga en el Liceo Campoverde, da fe de ello, al decir que “acá y a mis consultas privadas llegan niños con esos síntomas. Una vez confirmado el TDAH, pedimos el apoyo de los padres y buscamos la forma de integrarlos a la sociedad”.

En ese centro educativo, en Quito, incluso, se construye un pénsum de estudios con base en las necesidades de esos niños.

Según estudios, el TDAH se presenta, generalmente, en la población infantil con una tendencia entre el 5 y 8 % para los niños en edad escolar, siendo los varones tres veces más ­susceptibles a presentar el trastorno que las niñas.

Y en el último Congreso de la Sociedad Interamericana de Psicólogos, al que acudió Vásquez, se confirmó un incremento -del 27% en 42 países-, durante los últimos tres años.

Si bien es cierto que algunos de los síntomas son los mencionados al inicio de esta nota, diagnosticar ese trastorno le corresponde, en primera instancia, al neurólogo. Si el caso es muy grave, ese especialista remite al paciente a un psiquiatra. Después, el paciente es enviado al psicólogo.

La labor de este último profesional es encaminar todas las energías del niño a labores positivas. En muchos de los casos, los pacientes llegan medicados por orden de los dos anteriores profesionales. “Y las medicinas son fuertes”, aclara Vásquez.

Del total de personas afectadas por ese trastorno, este psicólogo asegura que se ha comparado científicamente que entre el 65% y 70% lo asumió de forma hereditaria, es por esa razón que el TDAH también se evidencia en personas adultas, sobre todo en las que nunca ­recibieron un tratamiento.

La segunda causa para que aparezca es que el niño haya tenido problemas antes o después de nacer y, la tercera, se asocia con la falta de disciplina impuesta por los padres. “Hay niños que sin traerlo genéticamente demuestran el trastorno por no haber tenido una crianza que implique principios, buenas costumbres, obediencia y respeto”, dice el especialista.

La falta de un tratamiento es grave, porque muchas veces los niños con ese trastorno se vuelven violentos. “Aquí (consultorio) han llegado niños que patean a sus padres y cuando se les hace el estudio muchos de ellos sufren de TDAH”.

La falta de tratamiento puede conducir a un fracaso en la vida escolar, discriminación... y, posteriormente, verse afectado en la adultez. En la mayoría de casos, el tratamiento implica combinación de medicamento y terapia conductual.

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