26 de septiembre de 2015 00:00

Tapichalaca, el hábitat de las aves

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 1
Triste 0
Indiferente 1
Sorprendido 0
Contento 22
Lineida Castillo
Redactora (I)
lcastillo@elcomercio.com

La Amazonía es una de las mejores regiones para el avistamiento de aves. En Zamora Chinchipe, la reserva de Tapichalaca, ubicada en un corredor de aves migratorias, ofrece la posibilidad de admirar una importante diversidad de avifauna durante todo el año.

Tapichalaca, que limita con el Parque Nacional Podocarpus, está ubicada a dos horas de Loja y se accede por la vía Vilcabamba-Zumba.

De acuerdo con investigaciones científicas, en las 4 500 hectáreas del bosque nublado de montaña conviven 285 especies de aves como los colibríes, loros, jocotocos, pavas, tucán andino, tangaras, mirlos… Por eso, es considerado un centro ornitológico de relevancia.

En este entorno húmedo y frío también hay mamíferos como el tapir, la danta, los osos de anteojos y los venados. En flora se destacan las 30 especies de orquídeas y más de 190 variedades de plantas, algunas endémicas. Pero el ave insigne que atrae al visitante por su domesticación en estado silvestre es el jocotoco.

Ese nombre lleva la fundación que administra y protege la reserva. Hay seis rutas definidas para mirar a las aves, el disfrute de la naturaleza y la investigación científica.

El sendero más frecuentado es del Jocotoco. Se camina durante dos horas por tramos extensos de selva, peñones, barrancos, miradores y se atraviesan vertientes de agua.

El recorrido empieza a las 06:00 o a las 17:00, en la casa de hospedaje Simpson. A esas horas hay más presencia de aves sobrevolando porque hay poco ruido y no se sienten amenazadas, dice el director de Tapichalaca, Byron Puglla.

El visitante también disfruta al observar bandadas de colibríes de vuelos rápidos, que clavan su largo pico en los bebederos con agua endulzada, colocados en el entorno. A lo largo del sendero donde predominan los arbustos de romerillo, roble y cascarilla, también hay pájaros azulejos, carpinteros, pinzones… y a la distancia se escucha el sonido de los pericos, loras y tucanes.

“Las aves están por todas partes y cantan para que las miremos”, dijo el turista inglés Richard Dunne, quien visitó la reserva hace más de un mes.

Tras una hora de caminata se llega a una parada obligatoria. Allí, los turistas descansan mientras el guía Franco Mendoza, quien tiene una experiencia de ocho años, imita el silbido del jocotoco y llama a las aves con cariño por sus nombres: “Panchito” y “Vivi”.

En menos de un minuto aparece esta pareja, que come en el suelo las lombrices que les ofrece Mendoza. Miden 22 centímetros de largo, su cara es gris con una suerte de corona negra y barba blanca. Su dorso es marrón y tienen un pico negro.
Este pájaro fue descubierto por el ornitólogo Robert Ridgely, en 1997, mientras hacía grabaciones del canto de las aves. Desde entonces, la Fundación Jocotoco puso especial atención en esta especie de la cual se tenía pocos registros.

Mendoza lleva ocho años alimentándolas con lombrices. En principio se escondían entre los arbustos y él imitaba su canto y cuando aparecían les lanzaba las lombrices. Luego se familiarizaron y el guía se percató que estaban demasiado mansas y que eso podría motivar su captura.

Desde entonces nadie las toca. “Al jocotoco se lo identifica por su elegante y tímido silbido, algo así como ju ju ju que despierta los sentidos”, señaló el guía. En este tiempo esta pareja de aves ha tenido más de 14 crías que viven en la reserva.

Mendoza alimenta a las aves una vez por día, pero si hay varios grupos visitantes en diferentes recorridos también lo hace porque “ningún turista se va sin conocer al jocotoco”.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (2)
No (0)