16 de septiembre de 2014 19:05

Tamara y Karla Espinosa: 'Nadie cree que tenemos 40 años'

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Ivonne Guzmán. Editora

Introducción:

Cuando eran niñas, a Tamara y a Karla Espinosa les fastidiaba el hecho de ser gemelas. En la adolescencia, en cambio, les encantaba porque ese mismo hecho las volvía populares. Ahora, ya adultas, profesionales (Tamara es psicóloga educativa y Karla es diseñadora gráfica), casadas y con hijos esa es una condición en la que ya no piensan ni influye en sus vidas, a excepción de cuando alguien que no conocen las saluda, pensando que es la otra. A excepción, también, de ese amor enorme -inexplicable, dicen- que sienten la una por la otra. Parecidas y muy diferentes a la vez. Tamara es la calma y la disciplina, y Karla, las risas, el baile, la fiesta.

Testimonio:

Habla Tamara: “Nadie cree que tenemos 40 años; yo me siento realizada porque mi sueño desde chiquita era tener una familia y la tengo, y además puedo trabajar para ayudar a alguien y eso me da una alegría inmensa.

“De pequeña, no sé si porque en la familia de mi papi muchas tías son profesoras, siempre jugaba a ser profesora. Y el primer día que entré a la universidad me fui a la Fundación El Triángulo (con niños con discapacidad intelectual) a golpear la puerta para hacer voluntariado; desde entonces siempre he estado tratando de ayudar a niños con dificultades de aprendizaje. Y aunque soy tan esquemática y disciplinada que a veces me vuelvo un poco rígida, con ellos siempre tengo paciencia; es que he tratado de abrir la mente y me ha costado, pero lo voy logrando.

“Trabajo en el Ministerio de Educación, en el área de Educación Especial Inclusiva. Siempre he estado trabajando por la discapacidad y la inclusión; estoy totalmente convencida de que todos debemos tener igualdad de oportunidades”.

“Por ahora, como me he movido mucho entre aquí y Chile (donde hizo un posgrado en Psicopedagogía), mejor no hago planes. Puede que esté aquí o que vuelva a Chile o que me vaya a estudiar otra maestría a otro lado”.

Habla Karla: “La verdad, yo no sé qué significa tener 40 años; bueno, las rodillas son lo único que me está molestando un poco y eso sí me ­preocupa (risas) porque no voy a poder bailar ni caminar (en el campo, que es una de sus pasiones).

“La gente dice que soy demasiado buena, no sé si será... Sí soy relajada, pero soy bastante temática con el orden también y soy perfeccionista. Y también está la otra parte mía, que es la del arte y la del relajo. Amo farrear y me encanta la naturaleza; al mes necesito una farra y una ida a la naturaleza. Eso es lo que me oxigena la vida.

“Y lo chévere es que mi esposo y mis dos niños (Julián, 10, y Joaquín, 6) son todoterreno, les gusta la naturaleza. El arte es una cuestión solo mía, porque ni a mis hijos ni a mi esposo les llama la atención; no me hago lío por eso. Siento mucho agradecimiento (se le quiebra la voz) de tener a mi familia. Estamos completos, en salud y en alma.

“En cinco o en diez años me veo creando y haciendo arte; ahora, como soy diseñadora, paso mucho tiempo frente a la computadora, pero me veo haciendo cerámica o telares, siempre y cuando la economía me dé el chance eso sí, porque yo soy ‘freelance’, que tiene sus pro y sus contras. Por un lado estoy con mi familia y tengo libertad, pero también es duro porque económicamente no es una situación estable. Nada es completo. Y la verdad, no me preocupa”.

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