21 de marzo de 2018 21:27

Una práctica ambiental para reducir el uso de sorbetes se difunde en Quito

Desde la secretaria de Ambiente se busca conciencia y reducir el uso de plásticos en Quito. Foto: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

Desde la secretaria de Ambiente se busca conciencia y reducir el uso de plásticos en Quito. Foto: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

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María Belén Merizalde

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Reducir paulatinamente el uso de sorbetes para beber cualquier tipo de líquido es una de las buenas prácticas ambientales que impulsa la Secretaría de Ambiente del Municipio de Quito.

Esos delgados utensilios plásticos, que se han vuelto tan comunes, son utilizados por pocos minutos, pero tardan al menos 500 años en degradarse.

Anualmente, un restaurante podría ocupar en promedio cerca de 45 000 sorbetes.

Verónica Arias, secretaria de Ambiente, comenta que el rol fundamental de la entidad que dirige es generar conciencia ambiental para reducir el uso de plásticos.

"Nuestro enfoque en general es la reducción de plásticos. Trabajamos de igual forma con la reducción en el uso de fundas, pues dependiendo el tipo de plástico este tarda en disolverse entre 500 a 1 000 años, matando los ecosistemas, especialmente los marinos", mencionó la funcionaria.

Desde la secretaria de Ambiente se busca conciencia y reducir el uso de plásticos en Quito. Foto: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

Por ello, comenta, que se trabaja permanentemente con cadenas de restaurantes, hoteles y mercados para ir reduciendo el uso de sorbetes plásticos.

Sin embargo, destaca que muchos establecimientos, que buscan reducir el uso de sorbetes, tienen la presión de los clientes que les piden se les entregue un sorbete.

Carolina Cárdenas es una joven estudiante de diseño gráfico, pero trabaja en una reconocida cadena de comida rápida en la capital. Ella comenta que muchos de los clientes se molestan cuando no ven un sorbete en sus vasos.

"En ocasiones uno se olvida de poner el sorbete en la bandeja y enseguida vienen a pedir que les proporcionemos uno. En realidad, dice, hay que cambiar esa cultura".

Arias sostiene que, aunque son hábitos que suelen tardar en cambiar, se debe trabajar de forma continua y permanente para educar a la población sobre estas temáticas.

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