7 de agosto de 2016 00:28

Sobrepoblación: ¿Las personas tienen derecho solo a un hijo?

Fotografía tomada el 28 de julio de 2007 en las playas de Qingdao en China. Foto: AFP

Fotografía tomada el 28 de julio de 2007 en las playas de Qingdao en China. Foto: AFP

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Xavier Basantes

El 17 de noviembre de 1996, en el cierre de la última Cumbre Mundial de la Alimentación, Fidel Castro declaró que era necesario controlar la natalidad. Allí advirtió que “no estamos viviendo en un paraíso terrenal”, pues en ese paraíso había solo dos personas y ahora en el mundo “son miles de millones de personas”, y una de esas consecuencias se observa en una mayor pobreza.

La población mundial alcanza hoy unos 7 000 millones de personas (2 000 millones más que en los 90) y esto provoca tensiones globales que pudieran crecer, según Sarah Conly (autora de ‘One Child’, Do we have a right to more?) ya que para el año 2050 la proyección es que llegue a 9 600 millones y en el 2100 sean 11 200 millones.


En su reciente publicación (‘Un niño’ ¿Tenemos derecho a más?), Conly advierte que las luchas en el futuro cercano por el alimento, la tierra y los combustibles fósiles serán inevitables. Dice que solo los límites a la procreación pueden mitigar el efecto negativo de la sobrepoblación y aduce que la conservación y la reducción del consumo no son suficientes.


El control obligatorio de la población podría ser un posible último recurso para combatir este problema, pero también puede convertirse en una violación potencialmente inmoral e indeseable de los derechos humanos. “Dado que muchos ven la procreación como un componente esencial del derecho a la felicidad personal y la autonomía, la opinión dominante es que el gobierno no tiene el derecho de imponer estas restricciones a sus propios ciudadanos, por el bien de la gente del futuro que aún tienen que existir”.

Sarah Conly. La autora es profesora asociada de Filosofía en la Universidad de Bowdoin (EE.UU.). Su formación académica se resume en: doctora en Filosofía. Foto: Archivo de Sarah Conly

Sarah Conly. La autora es profesora asociada de Filosofía en la Universidad de Bowdoin (EE.UU.). Su formación académica se resume en: doctora en Filosofía. Foto: Archivo de Sarah Conly

Hay demasiadas personas en el planeta. Esto no es algo popular para mencionar -dice Travis N. Rieder, de la Universidad Johns Hopkins, al comentar la obra de Conly-, pero se está haciendo cada vez más evidente que es verdad, por lo que se debe hacer algo para enfrentarlo. “Incluso en nuestro mundo radicalmente injusto, donde miles de millones de personas no tienen acceso adecuado a los alimentos, el agua, la energía, todavía estamos viviendo de manera no sostenible, la sobrecarga de nuestra tarjeta de crédito ecológica e incendiando el clima”.


Pero discutir la relación entre estos problemas ambientales y la población es incómodo, porque muchas personas creen que la procreación es un acto esencialmente privado.


En el caso de Ecuador, la Constitución, en el artículo 66, numeral 10, en el capítulo de los Derechos de Libertad, señala que las personas “tienen derecho a tomar decisiones libres, responsables e informadas sobre su salud y vida reproductiva y a decidir cuándo y cuántas hijas e hijos tener”.


Para César Duque, asesor jurídico de la Comisión Ecuménica de los Derechos Humanos, si bien es cierto que la Constitución reconoce la libertad de elegir cuántos hijos se pueden tener, esa libertad se relaciona directamente con los condiciones económicas de las personas, para ofrecer un adecuado nivel de vida a sus hijos.

“No bastaría con una reforma legal que diga que se permite máximo un niño, cuando el Estado no está llevando adelante en la práctica políticas de educación para la sexualidad, en donde se esté previniendo los embarazos en la adolescencia, en donde los chicos puedan tener el ejercicio de la libertad sexual, pero con responsabilidad”.


En ‘One child’, Conly sostiene que la autonomía y los derechos personales no son ilimitados, especialmente si en el propio cuerpo se puede causar algún daño. Además -dice- los gobiernos tienen la obligación moral de proteger a los ciudadanos actuales y futuros.


Sin embargo, entre quienes cuestionan la posibilidad de tener un solo hijo se argumenta que esa realidad produciría un perjuicio económico a la sociedad. Un descenso en la población ocasionará una evidente caída en el consumo y colapsará la economía.


Precisamente el tema del consumo fue uno de los argumentos que también tomó en consideración el Partido Comunista de China. El 29 de octubre del 2015 es una fecha importante para la población del gigante asiático: ese día, por disposición oficial, se puso fin a la política del hijo único y se autorizó a todas las parejas a tener dos. De esta forma se puede garantizar que en el mediano plazo, mejoren los datos de crecimiento de la economía china, con el fortalecimiento de su industria local.


Ante estas observaciones, Conly responde que una economía basada en el crecimiento perpetuo está condenada al fracaso con el tiempo. “Nuestra economía solo funciona tan bien como lo hace ahora, porque estamos tomando prestado del futuro, usando recursos a un ritmo insostenible”.


A otros les preocupa que una política de un solo hijo también puede dar lugar a un desequilibrio de género, ya que los padres pudieran optar en su mayoría por un hijo varón.


La autora desarma esta posibilidad y menciona que las tasas de fertilidad han caído en gran medida en Europa y en EE.UU. sin ningún desequilibrio de género. Es muy posible que seamos capaces de reducir la tasa de fertilidad sin necesidad de utilizar las sanciones a través de políticas públicas o decisiones gubernamentales, sostiene Conly.

“La mayoría de nosotros hace lo que es correcto, porque creemos que es correcto, no porque tenemos miedo al castigo. Creemos que el asesinato es malo y así (la mayoría de nosotros) no lo hace (asesina). Lo mismo podría ser para limitar el número de hijos que tenemos”.


La autora está tan convencida de la necesidad de tener un solo hijo, que incluso es partidaria de aplicar recortes de impuestos u otros beneficios fiscales a quienes así lo decidan. 

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