31 de marzo de 2015 20:49

Un equipo que sincroniza los latidos del corazón

Magdalena Andrade es la primera beneficiaria de los resincronizadores en el Hospital Abel Gilbert Pontón, en Guayaquil. Foto: Gabriel Proaño para  El Comercio

Magdalena Andrade es la primera beneficiaria de los resincronizadores en el Hospital Abel Gilbert Pontón, en Guayaquil. Foto: Gabriel Proaño para El Comercio

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Elena Paucar

Los tratamientos convencionales ya no resultaban efectivos. “Me cansaba mucho, hasta me caía”, cuenta Magdalena Andrade, recostada en una camilla del Hospital Abel Gilbert Pontón, en el Suburbio de Guayaquil.

El diagnóstico: el ritmo de su corazón no marchaba bien producto de una severa insuficiencia cardíaca. Esta patología impide que el corazón bombee la suficiente sangre al resto del cuerpo y como efecto aparecen varios síntomas, que van desde cansancio extremo hasta edema en las piernas.

Pero la semana pasada, Andrade mejoró en parte su salud. Tras la bata que la cubría resaltaba un pequeño bulto, justo debajo de su clavícula.

Es un resincronizador cardíaco, una terapia que se aplica en casos de insuficiencia cardíaca, cuando otros tratamientos no funcionan.

Para realizar el implante, los pacientes deben cumplir tres criterios médicos: presentar una función del corazón de menos del 35%, disincronía de los ventrículos y bloqueo completo de rama izquierda, que es un defecto en el sistema de conducción eléctrica del corazón.

El electrofisiólogo Luis Gómez explica que este dispositivo, similar a un marcapasos, se encarga de generar la sincronía de los latidos del corazón. Colocarlo demanda unas tres horas, en una cirugía mínimamente invasiva. A través de una incisión de unos 5 centímetros bajo la clavícula, se llega a la vena axilar izquierda, para conducir tres cables directamente a los ventrículos.

Luego se hacen calibraciones técnicas del tiempo de conducción preciso para cada paciente. El equipo, una diminuta caja metálica, queda bajo la piel. Y para monitorear su funcionamiento los especialistas recomiendan tener controles a los 15 días, a los 30 días y después cada tres meses.

Quienes padecen insuficiencia cardíaca en fase avanzada suelen ser hospitalizados hasta por 15 días, unas tres veces al año y con alto riesgo de mortalidad. Pero al sincronizar todas las cámaras del corazón su calidad de vida puede mejorar. Gómez calcula que la terapia de resincronización es efectiva en el 75% de los casos.

En el mundo, cerca del 1% de la población mayor de 40 años presenta insuficiencia cardíaca. Y va en aumento hasta alcanzar alrededor del 10% en los mayores de 70 años.

En Ecuador, esta enfermedad causó la muerte de 1 716 personas en el 2013. De ellos, 1 259 tenían 65 años y más. En el 2012 causó 1 826 fallecimientos.

Es una afección crónica que, generalmente, causa daños al lado derecho o al lado izquierdo del corazón. La hipertensión arterial es uno de los antecedentes de este tipo de insuficiencia, una condición que afecta a aproximadamente el 60% de la población adulta mayor y que genera complicaciones por no recibir atención primaria de salud oportuna.

Las terapias de resincronización son una forma de evitar desenlaces fatales. Pero solo es aconsejable en pacientes que no tengan otro tipo de complicaciones, como diabetes o males renales y hepáticos.

En el Abel Gilbert colocaron el primer dispositivo y planifican implantar 20 resincronizadores por año. A más de este dispositivo existen otros, como marcapasos y desfibriladores, que ayudan a mejorar los ­síntomas de personas como Rosa Contreras. Durante siete años sufrió dolores y continuas taquicardias, hasta que el pasado viernes aguardaba en ­reposo antes de la colocación de un marcapasos, valorado en unos USD 3 000.

A través del sistema público de salud, más personas acceden a estas terapias. En el Hospital Teodoro Maldonado Carbo, del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), en pocos días colocarán el marcapasos número 300.

El cardiólogo y electrofisiólogo José Llorente explica que estos aparatos aportan a la estimulación cardíaca en pacientes con bradicardias extremas (descenso en la frecuencia o latidos del corazón).

Otro dispositivo es el cardiodesfibrilador, que puede costar hasta USD 19 000 y salvar vidas. Este equipo genera un choque eléctrico ante la presencia de arritmias ventriculares graves, que aumentan el riesgo de muerte súbita.

Al detectar una anomalía, el pequeño aparato actúa de inmediato, enviando una descarga. De esta forma, en pacientes con insuficiencia cardíaca y riesgo de infarto, se reduce del 30% al 20% la mortalidad.

El resincronizador que le colocaron a Andrade incluye un desfibrilador. Este equipo está valorado en USD 25 000. “El médico me dijo que este será mi ángel guardián”.

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