12 de septiembre de 2015 00:00

Dos culturas se fusionan en la iglesia de piedra de  Balvanera

En la fachada de piedra hay elementos de la cosmovisión andina como  Mama killa (Madre luna). Fotos: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

En la fachada de piedra hay elementos de la cosmovisión andina como Mama killa (Madre luna). Fotos: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

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Cristina Márquez
Redactora (I)
(F-Contenido Intercultural)

Tres terremotos y 481 años después, la iglesia de piedra de Balvanera, construida por indígenas puruháes bajo la dirección de los españoles, sigue intacta. Y muestra el sincretismo de las dos culturas.

Según la historia, la iglesia se inauguró el 15 de agosto de 1534 y fue construida junto a la laguna de Colta, en Chimborazo, por orden de Sebastián de Benalcázar. Pero lo que no todos los libros cuentan, es que ese sitio probablemente fue un templo ceremonial Puruhá antes de la conquista.

“Los hispanos llegaron a apropiarse de todo lo que les pertenecía a los indígenas, sus tierras, sus mujeres, sus dioses. Por eso construían iglesias en los sitios que ellos consideraban sagrados”, explica Wiliam Balseca, docente de Construcciones Andinas del Instituto Jatun Yachay Wasi.

Según su investigación, los puruháes colocaron los símbolos de su cosmovisión en la iglesia de forma disimulada, como si fueran ornamentos, para representar también a sus dioses en el nuevo templo.  

Eso es especialmente evidente en las figuras talladas sobre la piedra pishilata utilizada en la fachada de la iglesia. Esta piedra solo se encuentra en las zonas altas de la región andina, es blanca y fácil de moldear.

La cúpula de la iglesia tiene tres torres y un campanario. Del techado se desprenden dos vertederos de piedra, en uno de ellos se puede ver la cara de un puma, un animal sagrado en la cosmovisión andina.

Sobre las dos columnas de la entrada están talladas vasijas de base redonda, que para la cultura Puruhá representaban la abundancia, pues ahí se almacenaban los granos. A los dos costados de la entrada arqueada hay dos querubines.

Son figuras católicas. Sin embargo, los indígenas se interpretaron a sí mismos en ellas. Los ángeles tienen alas que no salen de la espalda sino de su cuello, por lo que se asemejan al cóndor. Sus rostros tienen fisonomía indígena y en la espalda llevan una shigra (bolso).

“Más que un querubín parece ser la interpretación de la leyenda del cóndor. Un pájaro que se transformaba en hombre para conquistar a las mujeres”, explica Balseca.

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