11 de julio de 2014 00:00

Espinosa: ‘Cuando es contra un prepotente, no hay que tener piedad’

Simón Espinosa Cordero, escritor y columnista de opinión. Foto: EL COMERCIO.

Simón Espinosa Cordero, escritor y columnista de opinión. Foto: EL COMERCIO.

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Ivonne Guzmán. Editora
cultura@elcomercio.com

Hay libros que sirven para no perder la memoria. Ese es el caso de ‘Vine, vi, linché’, de Simón Espinosa Cordero: 124 dardos (o columnas de opinión) que apuntan a asuntos de la vida en sociedad que de­berían importarnos a todos.

Anoche fue presentado el libro, editado por la Universidad Andina Simón Bolívar (UASB) y la Corporación Editora Nacional. En 280 páginas, la publicación reúne artículos escritos por Espinosa entre 1982 y 2012, publicados en las páginas editoriales de los diarios EL COMERCIO y Hoy.

La idea de la recopilación no fue suya, sino de Enrique Ayala Mora, titular de la UASB. Espinosa tampoco escogió los artículos (se contrató a alguien para hacer la selección); y con toda naturalidad, antes de empezar la entrevista repasando cronológicamente algunos de los textos, dice que no lo ha leído completo. “¡Qué me voy a estar leyendo el libro!”.

¿Este libro es un antídoto contra la desmemoria?

El primer artículo recuerda lo que usted en su momento leyó como un ejercicio polémico de la Vicepresidencia de la República por parte de León Roldós.

Era el León Roldós joven y ambicioso, que no dejaba gobernar a (Osvaldo) Hurtado y le ponía zancadillas. Pero Roldós ha cambiado. En ese sentido y aunque los artículos de opinión no son historia hacen referencia a circunstancias de la historia y pueden ayudar a mantener la memoria.

Para contextualizar y comparar…

Sí. Yo hice poner uno de los años 90 que no habían escogido, sobre la novela ‘El desierto de los Tártaros’, pero alguien me ha dicho que se puede aplicar sin problema a la situación actual del país.

En otro artículo de 1982 (‘La revolución de Quito’) plantea que como pueblo nos ha faltado una gran tribulación para crecer.

¿Nos sigue faltando?

Hubo una tribulación con el éxodo por el dólar, pero yo creo que la gran tribulación nos va a venir en unos dos, tres o cuatro años, cuando falte el dinero y se derrumbe el poder monopólico del señor Presidente. La tribulación va a ser para él, para quienes confiaron en él y para el Ecuador que queda dividido por odios.

Yo creo que va a venir una época muy amarga, pero ojalá que me equivoque.

¿Qué significó para sus escritos León Febres-Cordero?

Fue la mejor época de mi escritura porque yo no lo quería. Cuando es contra un hombre prepotente, que comienza a ser dictador, no hay que tener piedad, porque no hay derecho de que nos gobiernen así. Y creo que Rafael Correa es diez veces peor que Febres Cordero.

¿En qué?

En el engaño, porque ha reformado una Constitución que no respeta, ha destruido la Corte Suprema de Justicia, ha engullido todo el poder para él. Y tiene una Asamblea de gente que le obedece; Febres-Cordero no tuvo eso, aunque sí tuvo a su favor la justicia.

En otro artículo se refiere a monseñor Luis Alberto Luna Tobar como alguien que cuestiona al poder y no se conforma, ¿cree que hoy nos hacen falta más monseñores Luna Tobar?

Claro. Ecuador tuvo tres grandes obispos. El mayor de todos fue Leonidas Proaño, que nos enseñó a respetar y a amar a los indígenas. El obispo Luna, porque siendo el obispo de la aristocracia de Quito cuando se fue a Cuenca vio la realidad y cambió. Y luego otro que parecía un conservador, pero que era valiente y sincero fue monseñor (Pablo) Muñoz Vega. Él hablaba poco, pero obraba; por ejemplo, él pidió que se diseñara un seguro para el clero y ordenó que los hijos de los curas también estén asegurados. Un hombre justo y práctico.

¿A la actual Iglesia ecuatoriana le hacen falta ese tipo de figuras?

Sí, hacen falta más. Porque tenemos a (Gonzalo) López Marañón, a (Miguel Ángel)Cabodevilla… pero también está monseñor (Antonio) Arregui, que es un hombre poderoso. Yo he escrito contra él y le he pedido perdón por televisión, porque he sido muy duro.

¿Se le va a veces la mano?

Sí, pero me disculpo. Sí he sido abusivo, pues… pero con las leyes actuales imposible.

¿Está escribiendo con freno de mano?

No. Pero es que tampoco hay mucho que decir, porque ya hemos dicho todo.

En una columna del 2001 compara a Jamil Mahuad y a Abdalá Bucaram y plantea que la gente prefería a Mahuad por su cara de ‘niño bonito’, ¿hemos caído en el mismo encandilamiento con Rafael Correa?

No creo que le perdonemos todo por su cara, tal vez al principio muchas personas sí votaron por él por esa razón. Pero han seguido votando porque ha hecho bastante por la gente, que también le tiene miedo por su ferocidad. Ahora, yo alguna vez le defiendo a Mahuad, porque la gente se olvida de cosas importantes que hizo.

¿Cuáles?

Firmar la paz con el Perú y tener el valor de hacer el congelamiento bancario, a pesar del precio político que iba a pagar. Si no lo hacía, el Ecuador entraba en una espiral que hubiera sido peor que la de España. Claro que la crisis nos dejó con dos millones de ecuatorianos que emigraron. Pero ya en el 2002 la dolarización dio sus frutos y salimos de la crisis, por lo menos en la macroeconomía.

¿Por qué hay tan pocos artículos suyos sobre este Gobierno en la recopilación?

No había caído en la cuenta... No creo que sea por censura, pero a lo mejor puede ser por prudencia.


Vine, vi, linché’ es la primera edición, a cargo de la Universidad Andina Simón Bolívar y la Corporación Editora Nacional; recoge 124 columnas de opinión publica­das entre los años 1982 y 2012.

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