6 de junio de 2017 00:00

Sígsig tiene una ruta para ver los talleres de las guitarras

Los clientes llegan a los talleres de San Bartolomé para adquirir las guitarras a su gusto. Fotos: Lineida Castillo / EL COMERCIO

Los clientes llegan a los talleres de San Bartolomé para adquirir las guitarras a su gusto. Fotos: Lineida Castillo / EL COMERCIO

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Lineida Castillo
Redactora
(F-Contenido intercultural)

La lluvia de las tardes oscurece los corredores donde se abren paso los talleres de elaboración de instrumentos musicales de cuerda, en Sigsillano. En esta comunidad de la parroquia San Bartolomé, en el cantón Sígsig, en Azuay, atraviesa la Ruta de las Guitarras que conecta con 10 talleres.

Estos espacios fueron visitados, el pasado 28 de mayo, por los participantes de la séptima edición del Festival de Guitarras. Este evento cultural, musical y artesanal se desarrolló en Cuenca y fue organizado por Sono Estudios, con el apoyo del Centro Interamericano de Artesanía y Artes Populares y del Municipio local.

Hubo conciertos, talleres, clases magistrales, exposiciones, danzas folclóricas y una feria artesanal en la zona emblemática del río Tomebamba. Allí, en los tres primeros días del festival se ubicaron artesanos de San Bartolomé como José Chunzho y los hermanos Saúl y Héctor Benalcázar.

En ese espacio al aire libre engancharon a los participantes, con sus llamativas obras, para que visiten San Bartolomé, conocida como la tierra de los artífices en elaborar guitarras, requintos, charangos…

El recorrido fue parte del cierre del festival. San Bartolomé es un apacible poblado de casas pequeñas de adobe que ostenta el título de Patrimonio Cultural del Ecuador.

Allí tiene el taller José Cunzho, quien contó a los visitantes que cuando apenas era un niño decidió dedicar su vida a la música. No como cantante o ejecutando algún instrumento, sino creando elementos para reproducir los sonidos.

Mientras asistía a la escuela en San Bartolomé se relacionó con el oficio que heredó de su padre. Para él, la guitarra es el instrumento de viento más utilizado en la Región Andina, sobre todo dentro de la música folclórica y nacional.

Santiago Ullaguari (primer plano) comparte sus conocimientos  con Erick Díaz.

Santiago Ullaguari (primer plano) comparte sus conocimientos con Erick Díaz.

Hay una gran variedad de instrumentos de cuerda y eso se constata al ingresar al taller de Cunzho, donde el visitante se maravilla ante las llamativas guitarras de diferentes formas, tamaños, y precios que cuelgan del tumbado y paredes.

Santiago Ullaguari es otro artesano que aprendió a construir guitarras al mismo tiempo que a sumar y restar. Contó que la actividad es poco rentable, por el ingreso de productos chinos a bajos costos, pero que el día que construyó la primera guitarra decidió que viviría de este oficio.

No es egoísta con los conocimientos adquiridos. Más bien le encanta enseñar a los jóvenes para que este arte musical no se pierda en esta zona. En estos días, por ejemplo, su taller acoge a Erick Díaz, un músico argentino que construye su propia guitarra para reemplazar a la actual que tiene más de 10 años.

Entre la delgada viruta que cae de la fina madera, el polvillo del delicado trabajo de pulir el noble material y el olor a carpintería, Ullaguari y Díaz dan forma a los instrumentos. El taller está repleto de creaciones como guitarras que recién comienzan a tomar forma y charangos ya terminados.

Los visitantes que llegan a los talleres constatan que el proceso para elaborar una guitarra es complicado y lento. Empieza con la creación de la estructura de madera, le sigue la vinculación de las piezas con el soporte musical o cuerdas; y lo último son los diseños para conseguir lo estético.

Para Bolívar Ávila, director del festival y concertista, elaborar una guitarra les toma a los artesanos más de una semana y esto hace que el oficio sea difícil de sostener en algunas familias. A esto se suma los altos costos de producción.

La guitarra más económica en capulí cuesta USD 100 y la más elaborada en cedro y con incrustaciones manuales sobre los USD 600. Para el artesano, Héctor Benalcázar, si bien el material es importante, lo fundamental es lograr el vínculo entre la estructura de madera y los sonidos.

Es decir, cómo se incluye la teoría musical sobre la pieza, que exista afinación y resistencia a la tensión de las cuerdas, dijo Benalcázar.

Los artesanos de Sigsillano son sencillos y ninguno se considera un Luthiers. Trabajan bajo pedidos, de acuerdo con las exigencias de sus clientes.

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